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Desde hace un par de años, el Concello de Vigo comenzó la recuperación del sistema dunar y el retranqueo del paseo de la playa de Samil con el objetivo de que el arenal recuperase su imagen original, antes de que asfalto y edificaciones la ocupasen.

El proceso se inició en Punta Samil, donde se situaba el Camaleón, llegando desde Alcabre; pero justo al otro lado de la playa, en la desembocadura del río Lagares, será casi imposible recuperar lo que allí se vivió en la primera mitad del siglo XX, en la década de 1930.

Y es que mucho antes de las piscinas, las terrazas o los chiringuitos, Samil presentaba una postal muy diferente a la actual; la de un arenal salvaje de vasta naturaleza donde, a principios de los años 30, junto a la desembocadura del río, podía verse una construcción de madera levantada sobre pilares, con piraguas bajo el suelo y con un nombre escrito en su fachada: Os Fillos do Sol.

¿Quiénes eran Os Fillos do Sol?

Imágenes del Fondo Gráfico Natalio Abad. Diputación de Pontevedra

Para entender esta historia, se hace imprescindible conocer un nombre: Natalio Segundo Abad Díaz. Nació en Vigo en 1904, era contable y trabajó durante un tiempo en una empresa conservera, aunque sus intereses estaban muy alejados de una oficina.

Le apasionaban la montaña, la bicicleta, las piraguas y la vida al aire libre. Fue él el que, junto a otros amigos, creó el grupo de Os Fillos do Sol.

Aquella forma de vida giraba en torno al Lagares y a un palafito que levantaron en la parte baja del río, cerca de Samil, en 1933. Elevada sobre pilares de madera, aquella construcción contaba con la autorización municipal y para levantarla tuvieron que adaptarse a las mareas.

Según recoge Alfonso Pato en eldiario.es en 2022, participaron carpinteros, marineros y vecinos. Cuando la marea estaba baja, las vigas podían aproximarse en carros de bueyes; con el agua alta, parte del material viajaba en piragua.

La nieta de Natalio, María José Míguez Abad, explicó al propio Pato que la idea de aquel palafito surgió después de que su abuelo conociese a través de una revista británica unas viviendas construidas sobre el agua en Filipinas.

"Vivir diferente"

Imágenes del Fondo Gráfico Natalio Abad. Diputación de Pontevedra

La cabaña sobre el agua se convirtió en refugio de un grupo de jóvenes vigueses que hizo de la naturaleza, el deporte y una particular forma de entender la libertad su modo de vida. Naturismo, baños, piragüismo y excursiones formaban parte de una experiencia que se desarrolló durante los años de la Segunda República.

Una forma de entender la existencia que anticipaba varias décadas ideas que se asociaron posteriormente al movimiento hippie y a la preocupación por una vida más sostenible y enfocada en el respeto a la naturaleza.

Junto a Natalio, se encontraban Antonio Moreno, Emilio Peña, Víctor Mon y los hermanos Pepe y Antonio Villaverde, explicaba María José, que puntualizaba que eran "cinco amigos del mismo barrio que querían vivir diferente", aunque cree que "ni ellos tenían esa percepción de sí mismos en su época".

Un legado escondido en una caja

Imágenes del Fondo Gráfico Natalio Abad. Diputación de Pontevedra

Fue la familia del vigués la que legó a la Diputación de Pontevedra un amplio archivo fotográfico que Natalio guardaba en una "caja secreta" que, al abrirse, permitió viajar a aquella época.

El Fondo Gráfico Natalio Abad, disponible en el archivo AtoPO, reúne cerca de 200 fotografías y documentación que permiten reconstruir no solo la aventura de Samil, sino también los primeros pasos del montañismo organizado en Galicia.

Incluso, la propia Diputación recuperó la experiencia de "el Samil de Os Fillos do Sol" dentro de la publicación O Pasado Por Vir II. Un Tempo Posible, dedicada a iniciativas culturales, sociales y científicas surgidas en Galicia antes de 1936.

Un universo particular

Imágenes del Fondo Gráfico Natalio Abad. Diputación de Pontevedra

Las fotografías que han sobrevivido permiten asomarse a aquel particular universo. Hay jóvenes con taparrabos de paja, bañistas, piraguas, reuniones y escenas de vida al aire libre. Practicaban el nudismo y defendían valores vinculados a la libertad, la igualdad y la convivencia con la naturaleza, planteamientos muy poco habituales en la sociedad de la época.

Su presencia no pasó inadvertida. En 1933, el periódico Stadium llegó a dedicarles un reportaje. También se acercaban curiosos, periodistas y jóvenes atraídos por aquel rincón singular junto a Samil. El palafito funcionaba como punto de reunión y base de las actividades del grupo.

Natalio Abad personificaba buena parte de aquella manera de entender la vida. Tal y como escribe Alfonso Pato, leía a Julio Verne, Emilio Salgari y León Tolstói, evitó durante años el automóvil pese a haber obtenido el permiso de conducir en 1927 y prefería desplazarse andando, en bicicleta o sobre el agua.

De hecho, una de las anécdotas familiares más llamativas es que, según relató su nieta, Abad y sus compañeros podían salir desde el palafito en piragua para ir a trabajar al centro de Vigo. Protegían durante el trayecto el traje y la corbata y se cambiaban al llegar a la ciudad. Las embarcaciones, construidas en madera y lona, seguían diseños del propio Natalio.

La llegada de la Guerra Civil

Como tantas otras cosas en esa época, el final de ese Samil de Os Fillos do Sol llegó a su final en 1936, tras durar apenas tres años. El golpe de Estado y la posterior Guerra Civil acabaron con buena parte del contexto social en el que había nacido el grupo.

A ello se sumó una gran galerna que terminó destruyendo el palafito y arrastrando parte de sus muebles por el río, aunque vecinos y marineros ayudaron a recuperar algunos de ellos.

A pesar de que Os Fillos do Sol desaparecieron, Natalio Abad continuó ligado durante décadas a la naturaleza y especialmente al montañismo, y así se puede comprobar en el archivo conservado y convertido en su legado.

Un legado que permite visitar aquel Vigo de hace casi 90 años en el que, donde desemboca el Lagares, varios jóvenes vigueses vivieron sin el rigor de las convenciones que, todavía hoy, marcan el latir del día a día.