Desde que se marchó a estudiar Ingeniería Aeroespacial a la Universidad Politécnica de Madrid, su carrera la ha llevado a diferentes lugares, pero nunca de regreso a Vigo.
Beatriz Casares reconoce que ha soñado con ser astronauta desde los 6 años, cuando empezó a preguntarse por qué y cómo volaban los aviones. Su padre, ingeniero industrial, fue una influencia personal y profesional definitiva para que decidiese estudiar ingeniería aeroespacial. "En mi casa nunca me dijeron que no podía", relata a Treintayseis.
Esa libertad de "ser" chocó de alguna manera con la realidad de la carrera, donde admite que tuvo "experiencias no agradables con profesores por el hecho de ser mujer", aunque prefiere poner en valor las vivencias "muy positivas" con sus compañeros, con otros profesores y, sobre todo, con profesoras, que se convirtieron en referentes durante su formación.
Beatriz atiende a Treintayseis desde Glasgow, donde ahora vive mientras escribe su tesis doctoral, además de dar clases en la universidad escocesa. En diciembre formó parte de las 57 mujeres que participaron en el I Foro Global de Liderazgo Femenino que organiza la Homeward Bound, impulsada por Acciona.
"Una compañera de la Universidad fue parte de la expedición de hace dos años en la Antártida y fui a una charla que me resultó muy inspiradora", explica. Tras informarse, decidió presentar su candidatura y fue una de las elegidas: "Fue una sorpresa absoluta, porque es un programa muy demandado".
Destino, Tanzania
Beatriz Casares, una viguesa en el Foro de Liderazgo Femenino en Tanzania: "Saber que no estás sola es muy importante"
Tras diez años celebrándose en la Antártida, esta edición se realizó en Tanzania. "La expedición dura un año, cada dos años se organizan sesiones sobre liderazgo tanto individual como en comunidad, y cómo hacerlo en perspectiva inclusiva", añade Beatriz sobre unas sesiones en las que se trataron temas como el cambio climático, la sostenibilidad y el feminismo desde una perspectiva global y mirando al futuro con coherencia.
En ella, han participado 57 mujeres de 17 nacionalidades diferentes; además de la gallega, ingeniera espacial, participaron otras tres españolas: la madrileña Ana Gómez de Castro y las sevillanas Elena Ceballos y Mercedes Martín. "Había carreras y backgrounds muy diferentes, relacionadas con carreras técnicas, pero también ciencias sociales, conservación del medioambiente, energías renovables o meteorología; mucho conocimiento en poco espacio, que enriquece mucho la experiencia", añade.
Además, Beatriz destaca la "variedad intergeneracional", con "muchas experiencias" y "muchas edades", algo "muy inspirador" a la hora de "conectar con el grupo". "Si no te has sentido reconocida, o te has visto repitiendo muchas veces algo sin que te hagan caso, o has necesitado que venga un compañero para que te escuchen... Darte cuenta de que no estás sola es muy poderoso y muy importante", reflexiona.
Conocerse y reconocerse
Durante unos 15 días, este grupo de mujeres realizaron una primera semana de trabajo colaborativo y formación en Arusha y otra semana en Karatu y el Serengueti. Entre las actividades, se llevaron a cabo mesas de trabajo en las que se abordaron grandes desafíos globales como el calentamiento global, el desarrollo justo, la preservación de la diversidad cultural o la defensa de los ecosistemas.
"En Arusha, al norte de Tanzania, trabajamos en sesiones de mañana y tarde y empezamos a conocernos y reconocernos, a entablar conexiones entre todas, porque en un grupo grande sobre liderazgo, parte de ese viaje es establecer lazos profundos a través de esa vivencia", resalta Beatriz.
En Karatu estuvieron "más conectadas con la naturaleza". Aquí, vivió una de las experiencias que más le marcó: el encuentro con un grupo de mujeres pastoralistas masáis que formaban parte del Pastoral Women's Council. "A pesar del choque cultural a todos los niveles y las diferentes formas de vida, cuando compartieron su proyecto y las dificultades que se encontraron para llevarlo a cabo encontramos muchos paralelismos que nos permitieron conectar de una forma brutal", revela.
Beatriz Casares, una viguesa en el Foro de Liderazgo Femenino en Tanzania: "Saber que no estás sola es muy importante"
Posteriormente, en el Serengueti, también con sesiones de mañana y tarde, pudieron visitar el parque nacional, el cráter de Ngorongoro o la Garganta de Olduvai, conocida como la "Cuna de la Humanidad". "Conectar con toda esa naturaleza, que en la ciudad se echa de menos, y tener la oportunidad de vivirlo en la grandeza del Serengueti, rodeadas de animales, hacía que nos sintiésemos pequeñas como individuos y reforzó la sensación de crear comunidad para sobrevivir", explica.
Liderazgo distinto
Beatriz destaca de esta experiencia es la importancia del tipo de liderazgo que se debe de ejercer, tener una idea común sobre la que avanzar para poder alcanzar el resultado y reconocer nuestras fortalezas, pero también mostrarnos vulnerables, para poder conectar mejor y de manera más profunda: "No significa perder autoridad, sino todo lo contrario". Aunque algunas de estas lecciones, la viguesa ya las traía aprendidas gracias a su labor como árbitra de rugby.
"Una de las cosas que busca este programa es generar un liderazgo distinto, fuera de los estándares sociales, para redefinir cómo construimos nuestras relaciones en todos los aspectos", analiza Beatriz sobre una experiencia que recomendaría a cualquiera interesada "por la oportunidad única que permite, en mi caso, para mi desarrollo profesional", además de quedarse con "las relaciones humanas".
"Lo que más me he traído de vuelta son conexiones y saber lo importante que son a la hora de desarrollar cualquier proyecto, ya sea universitario o industrial", resume.
