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No hay guion, tampoco personajes escritos de antemano. El material está sentado entre el público. Una persona levanta la mano, cuenta una experiencia que haya vivido, traumática, importante o anecdótica. Unos minutos después, varios actores convierten esa historia en una escena.

Es teatro playback, una disciplina nacida en Nueva York en los años 70 que Darío Gómez González quiere consolidar en Galicia después de conocerla y aprenderla durante su etapa en Salamanca.

Para Gómez, no se trata simplemente de otra técnica teatral. "Yo lo veo como algo necesario y veo inevitable también que se extienda por todas partes", asegura. El playback está hoy presente en más de 70 países y se utiliza en contextos muy diferentes, desde proyectos comunitarios hasta situaciones de guerra o catástrofes.

Un teatro que convierte experiencias en comunidad

En lugares como Ucrania, Líbano o Bangladesh, explica, se ha utilizado para trabajar con comunidades afectadas por experiencias traumáticas. "Es una herramienta que ayuda a construir significado", señala. Contar lo vivido permite, según Gómez, reconstruir relatos personales y colectivos cuando una guerra, una pérdida o una catástrofe ha roto las estructuras que hasta entonces sostenían la vida cotidiana.

A través de esas historias individuales, añade Darío, se genera también algo colectivo: mirarse en el espejo, encontrar lugares comunes y puntos de encuentro entre personas que han atravesado situaciones parecidas para que el grupo comience a reconocerse en esas experiencias. "Al final produce un diálogo social que ayuda a articular y a hacer que la gente esté mejor integrada en las estructuras sociales".

Escuchar antes de interpretar

Teatro Playback. Cedida

Teatro Playback Galicia es la escuela que dirige Darío, situada en la calle Esperanto de Vigo. Allí ofrece una formación distribuida en cuatro años y que va mucho más allá de una clase de teatro.

A priori, la mecánica podría parecer sencilla. Durante una función, un conductor dialoga con el público y propone preguntas o temas. Cualquier persona puede compartir una historia y los actores la representan inmediatamente. Pero detrás de esa improvisación existe una formación específica.

"La clave, si tuviera que decir una, es la escucha. Si tuviera que decir dos, la escucha y la espontaneidad", resume Gómez. El intérprete debe ser capaz de ponerse al servicio de quien cuenta la historia, despojarse temporalmente de sus propias ideas, creencias o juicios. "El actor es un vehículo para contar una historia".

"La clave, si tuviera que decir una, es la escucha. Si tuviera que decir dos, la escucha y la espontaneidad"

Darío Gómez, Teatro Playback Galicia

La dificultad está en descubrir lo que él denomina "el corazón de la historia": aquello que explica por qué ese recuerdo merece ser contado. Para encontrarlo, más allá de las palabras, hay que atender a los gestos, las emociones, los silencios y al contexto de la persona que habla. "La escucha tiene que ir mucho más allá de lo verbal".

Eso obliga al actor, explica, a "sacarse de sí mismo", incluso cuando no comparte lo que está escuchando. No hay valoración o corrección de la experiencia del otro, sino un ejercicio de empatía para poder devolverla con la mayor fidelidad posible.

Para ello también puede recurrir a su propia biografía: pequeños recuerdos, sensaciones o detalles que ayuden a enriquecer la escena. El límite está en no apropiarse del relato. "Hay que distinguir muy bien cuándo estamos aportando algo que ayuda a contar la historia y cuándo estamos contando yo mi historia y no la tuya".

Un público que no necesita saber las reglas

Desde la butaca, sin embargo, todo es mucho más sencillo. No hace falta conocer las reglas ni preparar nada antes de acudir. "Tú vas, te sientas y te conducen a la experiencia. No hace falta aprender a ser público".

"No se obliga a nadie a participar", puntualiza. Una persona puede asistir, escuchar las experiencias de otros y marcharse sin haber levantado la mano una sola vez. Quien sí quiera contar algo espera a que el conductor abra el turno y comparte su historia.

"Tú vas, te sientas y te conducen a la experiencia. No hace falta aprender a ser público".

Darío Gómez, Teatro Playback Galicia

Es la propia experiencia la que puede llegar a cambiar el modo de participar. Quienes acuden por primera vez tienden a aportar anécdotas más ligeras o divertidas; los espectadores habituales suelen buscar relatos con un significado mayor porque ya conocen lo que puede ocurrir después cuando su experiencia llega al escenario.

Del barrio a una asociación de pacientes

Para Darío, el teatro playback alcanza todo su potencial cuando trabaja con comunidades concretas. En Vigo, uno de los proyectos que plantea gira alrededor de la memoria de los barrios: recoger historias antiguas y actuales, ponerlas en escena y provocar un diálogo entre generaciones, vecinos de toda la vida y personas recién llegadas.

"Lo mejor es ir a un grupo, compartir un tema y trabajar ese tema con ese grupo", sostiene. Las historias dejan así de funcionar únicamente como recuerdos individuales para formar parte de una memoria compartida.

Puede funcionar también como herramienta en una asociación de pacientes, donde el tema sea una enfermedad común y su superación, en un centro educativo o incluso en una cárcel.

Los grupos de teatro playback se distribuyen según su nivel de experiencia. Con los alumnos que empiezan, Gómez trabaja cuestiones como el amor o la amistad y actúa en espacios más informales, como bares. Los asuntos más delicados quedan reservados para compañías con mayor formación.

El riesgo de trabajar con el trauma

"Manejar el trauma es algo muy importante en el teatro playback porque puedes ayudar a la gente a sanar o puedes retraumatizarla", advierte. Por eso una función sobre violencia, enfermedad o experiencias traumáticas exige una preparación muy distinta a una sesión ligera sobre relaciones personales.

El tamaño del escenario, en cambio, resulta secundario. El playback puede hacerse desde un bar hasta en un gran auditorio. Para Gómez, la cuestión está en qué une a quienes están sentados delante. Imagina, por ejemplo, un programa periódico en un espacio como el García Barbón o el Auditorio Municipal dedicado a recoger historias de Vigo.

"¿Cuál es su historia de esta ciudad?", plantea. A partir de ahí podrían aparecer relatos sobre cómo ha cambiado un barrio, cómo era la ciudad décadas atrás o cómo viven Vigo quienes llegaron desde otros lugares.

El primer gallego con la máxima formación internacional

Este año Gómez ha completado además el Leadership del Center for Playback Theatre, el nivel más alto de formación internacional dentro de esta disciplina. Es el primer gallego en conseguirlo y uno de los tres profesionales españoles con esta acreditación.

El camino no fue sencillo. En un momento de dificultades económicas solicitó un préstamo que no le fue concedido y terminó poniendo en marcha una campaña de crowdfunding para financiar su formación. El objetivo, explica, no era únicamente añadir una acreditación a su currículum, sino reforzar el proyecto con el que intenta introducir y extender el playback en Galicia.

La experiencia le permitió además establecer vínculos con profesionales de Bangladesh, Suecia, Líbano, Turquía, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido o Italia. "Ahora mantenemos el contacto y colaboramos. Si tenemos algún problema o algún reto, tenemos un grupo en el que compartimos recursos e ideas".

Formar actores para después formar a otros

El objetivo de ese itinerario de cuatro años que ofrece en Teatro Playback Galicia es sumar posteriormente un curso habilitante para enseñar, de forma que quienes completen el proceso puedan formar a nuevas personas y generar nuevas compañías.

"No quiero que esto dependa solo de mí", resume sobre un proyecto que aspira a crecer por expansión: formar actores, después formadores y, a partir de ellos, crear nuevos grupos.

También quiere desarrollar especializaciones en los ámbitos educativo, psicológico y social. Cita programas contra el bullying que utilizan teatro playback en Estados Unidos o modelos psicoterapéuticos desarrollados en Portugal.

Una de sus alumnas se encuentra precisamente en Estados Unidos con una beca Fulbright para conocer experiencias de este tipo y poder adaptar posteriormente parte de ese aprendizaje.

"Mi interés es encontrar educadores, psicólogos, trabajadores sociales", explica. No solo personas que quieran subir a un escenario, sino profesionales capaces de convertir el playback en una herramienta de intervención en contextos muy distintos.

"Mi interés es encontrar educadores, psicólogos, trabajadores sociales",

Darío Gómez, Teatro Playback Galicia

Para empezar, sin embargo, no hace falta experiencia teatral. Sus clases están abiertas a adultos desde los 18 años y prácticamente cualquier persona puede participar siempre que pueda seguir la dinámica y mantener una relación respetuosa con el grupo.

Porque, en última instancia, el Teatro Playback parte de una idea extremadamente sencilla: alguien tiene algo que contar y alguien está dispuesto a escucharlo. Después llega el teatro.