El Juzgado de Instrucción número 2 de Cervera de Pisuerga (Palencia) ha reabierto el caso de la desaparición de Virginia Guerrero y Manuela Torres, dos niñas de Aguilar de Campoo (Palencia), de 14 y 13 años, que hace 29 años, en abril de 1992, fueron a pasar la tarde a Reinosa (Cantabria) sin permiso de sus familias y nunca volvieron a casa.



El pasado 21 de junio, la jueza de Cervera de Pisuerga dictó un auto reabriendo el caso en base a una nueva línea de investigación surgida a raíz de un programa de televisión, según han confirmado a Efe fuentes de la investigación y también el criminólogo Ramón Chippirrás, del despacho B&CH, que representan a la familia de Manuela y Virginia.



Desde su desaparición lo único que se sabe de ellas es que fueron desde Aguilar de Campoo (Palencia) a Reinosa (Cantabria) en tren, allí fueron vistas en una discoteca y, al caer la noche decidieron hacer autostop para volver a casa y se subieron a un Seat 127 blanco, según el testimonio de una vecina de Aguilar de Campoo, que fue la última persona que vio a las menores.



Ahora, según ha explicado el criminólogo y portavoz de las familias, la jueza ha decretado la reapertura de las acciones judiciales en un auto que ha remitido a la Guardia Civil para que continúe con la investigación, que está bajo secreto de sumario.



Como ha explicado a Efe Chippirrás, el caso se ha reabierto después de que la abogada Carmen Balfagón, que colabora con un programa de televisión que tiene un espacio de crímenes sin resolver y desaparecidos, pidiera colaboración ciudadana en el programa que se dedicó el pasado mes de febrero al caso de Manuela y Virginia.



A raíz de esa solicitud de colaboración ciudadana se recibió la llamada de una mujer que relató en el programa haber vivido una situación muy similar a la de Manuela y Virginia, un año antes que las jóvenes de Aguilar de Campoo, cuando hacia autostop con una amiga.



"Entonces no denunciaron porque, igual que Manuela y Virginia, eran jóvenes, habían salido de su casa sin permiso, se habían ido a otra localidad, hacían autostop para volver y tenían miedo", ha relatado el portavoz de las familias.



En este caso, las dos jóvenes pudieron escapar y una de ellas, pocos años después, de forma casual, volvió a encontrarse con la persona que las había cogido en el coche, logrando identificarla.



Pero es ahora, 29 años después, al ver el programa emitido en febrero, cuando decidió acudir al cuartel de la Guardia Civil para denunciarlo y la Guardia Civil lo remitió al Juzgado.



El pasado 21 de junio el Juzgado emitió el auto de apertura pidiendo diligencias ampliatorias para comprobar la veracidad de esos hechos y el 29 de julio se emitió una providencia con toda la información recabada desde el 21 de junio en la que "se comprueba la veracidad de los hechos y la identificación de esa persona".



Ahora, la juez ha enviado la información a la Guardia Civil para que prosiga con la investigación y determine si se trata de la misma persona responsable de la desaparición de Virginia y Manuela.



"No podemos hablar de una persona sospechosa, pero sí de unos indicios y de la veracidad de una versión que identifica a una persona y unos hechos que coinciden con el caso de Manuela y Virginia", ha resumido el criminólogo.



"Ahora le toca a la Guardia Civil hacer su trabajo", ha añadido Chippirrás, lamentando que después de 29 años no se haya logrado esclarecer el caso debido, en su opinión, "a una investigación muy deficiente".



En definitiva, la declaración de esta nueva testigo, a la que le ocurrió algo muy similar a lo que les sucedió a las jóvenes de Aguilar, abre una nueva línea de investigación que determinará si la persona identificada en su caso tuvo algo que ver con la desaparición de las niñas de Aguilar o no.