Ahora que llegan las vacaciones, son muchas las personas que echan mano de lo que se conoce como comparadores de precios, apps de descuentos y plataformas online. Es decir, plataformas o aplicaciones web que tienen como finalidad el recopilar y contrastar el valor de un mismo producto en diferentes tiendas digitales.
De ahí su popularidad entre los ciudadanos que, entre otras razones, los utilizan para encontrar el precio más económico para el producto o el servicio deseado. También porque pueden encontrar las mejores condiciones de compra en un único lugar.
Sin embargo, no todo son parabienes. Así lo advierte Chema Lamirán, director del Máster en Marketing Digital de la Universidad Europea de Valencia.
Compra rápida
El éxito de estos comparadores reside en que facilitan la búsqueda, encontrando precios en diferentes tiendas, filtrando por una serie de valores como la disponibilidad, el coste de su envío al cliente, o las valoraciones que hacen otros usuarios.
Es decir, que ahorran tiempo, ayudan a encontrar buenas ofertas (también las que son engañosas) y permiten recibir alertas sobre bajadas de precio, por ejemplo.
Pero Chema Lamirán advierte: “Cuidado con los comparadores de precios porque el algoritmo prioriza el consumo no el ahorro”. ¿Por qué?
“Porque la mayoría de las plataformas están diseñadas para facilitar la compra rápida y no tanto para ayudar al usuario”, matiza. Por tanto, aumentan el consumo impulsivo.
“Los algoritmos utilizan datos de navegación, historial de compras e intereses para personalizar los productos y promociones”, explica el director del Máster en Marketing Digital de la Universidad Europea de Valencia.
Y añade: “Esto es lo que provoca que, ante una misma búsqueda, dos usuarios puedan recibir resultados completamente distintos. El consumidor no navega en un entorno neutral, sino en un escaparate adaptado a su perfil y a sus probabilidades de compra”.
Pero es que, además, de la personalización algorítmica, el experto destaca un segundo inconveniente. Y lo define como la fatiga a la hora de tomar la decisión
La misma aparece cuando una persona recibe demasiada información, filtros y comparativas. “Paradójicamente, tener demasiada información puede dificultar la elección”, afirma.
Y lanza el siguiente aviso: “También hay que tener en cuenta que muchas plataformas empujan al usuario a valorar casi exclusivamente el precio, dejando en segundo plano factores como la calidad, la durabilidad o el servicio postventa”.
¿Y qué pasará con la Inteligencia Artificial? Desde su punto de vista, las herramientas actuales evolucionarán hacia sistemas de IA capaces de predecir cuándo conviene comprar un producto y cuándo es mejor esperar.
“La evolución natural conducirá a asistentes que puedan recomendar si un producto bajará de precio en los próximos días o no. Ahora bien, habrá que saber quién controla esa IA y con qué intereses opera”, concluye.
