La inteligencia artificial está transformando la forma en la que trabajan empresas y administraciones públicas.
En el caso de la Agencia Tributaria, la incorporación de herramientas basadas en el análisis masivo de datos promete agilizar procedimientos y mejorar la detección del fraude fiscal.
Sin embargo, para Emilio Baena, exfuncionario de Hacienda y uno de los divulgadores fiscales más conocidos en redes sociales, el verdadero potencial de esta tecnología no se está aprovechando en beneficio del ciudadano.
Baena, que trabajó durante una década tanto en la Agencia Tributaria estatal como en la Agencia Tributaria de la Comunidad Valenciana, asegura que una de las razones que le llevaron a abandonar la Administración fue precisamente la sensación de que el cambio tecnológico avanzaba en una dirección distinta a la que él consideraba necesaria.
Durante su etapa como funcionario, Baena pasó por distintos departamentos con el objetivo de conocer el funcionamiento interno del sistema tributario.
"Iba cambiando mucho de departamento porque quería aprender de todo", explica en el podcast ‘Cuestión de pasta’. Sin embargo, con el paso de los años sintió que había llegado a un punto de estancamiento. "Intentaba cambiar, pero la maquinaria es imparable", resume al recordar sus últimos años en la Administración.
Coincidiendo con la irrupción de la inteligencia artificial y las herramientas de Big Data, comenzó a plantearse cómo podían utilizarse estas tecnologías para mejorar el funcionamiento de Hacienda.
Su conclusión fue que la prioridad no estaba siendo facilitar la relación con el contribuyente, sino aumentar la capacidad de control. Así, Baena considera que la inteligencia artificial podría multiplicar la productividad de los funcionarios sin necesidad de incrementar la presión sobre los ciudadanos.
"Puedes tener a una persona que hace diez expedientes y que con la IA haga cien. Para mí tendría sentido seguir haciendo diez y utilizar el resto del tiempo para contestar consultas, ayudar al contribuyente o reducir plazos, pero no al revés, no para liquidar más, no para controlar más", afirma.
A su juicio, la Agencia Tributaria ya dispone de suficientes mecanismos para detectar posibles irregularidades gracias al intercambio de información y al tratamiento de datos.
"Estamos bastante controlados", sostiene. "La Agencia tiene mecanismos por todos los sitios para tener esa información, contrastarla y descubrir el fraude. Eso está completo. Ahora deberían utilizar la inteligencia artificial más para ayudar".
Más allá de la evolución tecnológica, Baena reconoce que también pesó un aspecto personal en su decisión de abandonar un empleo estable.
Aunque considera que el trabajo que realizaba era necesario, sentía que había perdido la motivación. "No me lo estaba agradeciendo nada", explica al comparar su experiencia con la de otros profesionales sanitarios de su familia.
"Mi hermana era enfermera y mi padre médico. Los pacientes les agradecen las cosas. En mi caso era diferente; al final has tocado el bolsillo de alguien, aunque lo hayas tratado bien", reflexiona.
Esa falta de satisfacción profesional terminó empujándole a iniciar una nueva etapa fuera de la Administración, centrada en la divulgación fiscal y el asesoramiento. Según explica, desde esa posición siente que puede aportar más valor a los ciudadanos ayudándoles a comprender mejor el sistema tributario.
Sus declaraciones abren además un debate cada vez más presente en las administraciones públicas: si la inteligencia artificial debe utilizarse únicamente para incrementar la eficiencia de los mecanismos de control o si también puede convertirse en una herramienta para simplificar trámites, reducir tiempos de espera y mejorar la atención que reciben los contribuyentes.
