Con la llegada del verano, miles de escolares disfrutan de casi dos meses y medio sin clases.
Sin embargo, para muchas familias este periodo supone un auténtico reto.
Y es que mientras los niños comienzan sus vacaciones, los padres continúan trabajando con apenas unas semanas libres, lo que obliga a buscar alternativas para atender a los menores durante gran parte del día.
Esta situación se repite cada año y lleva a muchas familias a organizarse con antelación.
Campamentos urbanos, campus deportivos, ludotecas y la ayuda de familiares se convierten en recursos habituales para intentar cubrir las largas jornadas laborales.
Aun así, no siempre es suficiente y, en muchos casos, el coste económico termina siendo el verdadero problema.
Es la realidad que vive Ruth Lago, madre de tres hijos de 11, 8 y 4 años. Tanto ella como su marido trabajan en turno de mañana, por lo que necesitan encontrar una solución para que los niños estén atendidos mientras ellos cumplen con sus jornadas laborales.
Aunque cuentan con el apoyo de los abuelos, Ruth considera que "los abuelos están ya para disfrutar más que para criar, por así decirlo", por lo que intenta no depender exclusivamente de ellos.
Ante esta situación, la familia recurre principalmente a actividades organizadas durante el verano.
Según explica en una entrevista en COPE, la conciliación en estas fechas es posible, pero "a base de campus y a base de dinero".
El problema es que muchas de las opciones públicas disponibles no encajan con sus necesidades.
Esta madre explica que aunque ni ella ni su marido tienen "sueldos millonarios", han sido descartados de las ayudas públicas que ofrecen para ello.
Además, algunos campus organizados por los ayuntamientos tienen horarios reducidos que apenas cubren unas horas al día, algo insuficiente para quienes trabajan desde primera hora de la mañana.
Por ello, se ven obligados a acudir a centros privados. Ruth asegura que los precios suelen partir de "150 o 200 euros a la semana".
Una cantidad que, multiplicada por varias semanas y por tres hijos, supone un importante esfuerzo económico para la familia.
"Multiplica por 2 meses de vacaciones que tienen, y yo lo multiplico por 3 hijos. Pues imagínate...", comenta.
La madre reconoce que comprende el descanso de los docentes durante el verano, pero insiste en que la situación resulta complicada para muchas familias trabajadoras.
En su opinión, el problema se agrava "si no dispones de una economía que pueda sustituir ese colegio".
Sin embargo, considera que dejar a los niños en casa durante ocho horas no es una opción realista, pero que tras hacer cuentas cada verano, "trabajo básicamente para ellos".
