Acceder a una vivienda en propiedad se ha convertido en uno de los mayores desafíos para los jóvenes en España.
El aumento de los precios, los elevados tipos de interés de los últimos años y la dificultad para reunir el dinero necesario para la entrada han retrasado la emancipación de toda una generación.
Sin embargo, algunos casos demuestran que, aunque complicado, todavía es posible alcanzar ese objetivo con una planificación financiera muy estricta y bajo unas determinadas circunstancias.
Es el caso de Lolo, un joven de 26 años que trabaja como conductor profesional de camión y que ha conseguido comprar su primera vivienda tras siete años de ahorro.
"Tengo una hipoteca de unos 370 euros al mes, a 30 años y a tipo fijo", explica al detallar en @Jaime Gumiel una operación que reconoce que ha requerido muchos sacrificios.
La edad media para irse de casa en España supera los 30 años
Lolo percibe un salario de entre 1.500 y 1.600 euros mensuales, una cifra similar a la de muchos trabajadores jóvenes. Pese a ello, durante años convirtió el ahorro en su principal prioridad. Según explica, llegó a guardar entre el 70% y el 80% de sus ingresos.
"Sí, se podría decir que sí, un 70 u 80%", responde cuando le preguntan por su capacidad de ahorro. Esa disciplina le permitió reunir alrededor de 50.000 euros, una cantidad que destinó prácticamente en su totalidad a la entrada de la vivienda, equivalente a cerca de la mitad del precio de compra.
Para conseguirlo, renunció a numerosos gastos que considera prescindibles. "Siempre busco la opción más económica en todo. Intento ahorrar por todos los lados, tampoco es ser un rata", afirma.
Entre las decisiones que marcaron esa etapa estuvo mantener el mismo coche durante años, a pesar de que ya supera los 300.000 kilómetros. También evitó comprar teléfonos de gama alta, realizar viajes frecuentes o contratar plataformas de suscripción.
"Se puede vivir con un teléfono de gama baja y no pago ninguna suscripción. Al final lo juntas todo y se te va un dinero al mes", resume.
Asimismo, si Lolo vivió un desafío fue la larga búsqueda en un mercado muy competitivo. Disponer del ahorro no significó encontrar vivienda rápidamente, necesitó entre un año y medio y dos años para cerrar la compra.
"Ha sido muy tedioso, llegué a un punto de desesperación", reconoce. Durante ese tiempo realizó unas quince visitas y se encontró con un mercado caracterizado por la elevada demanda y la escasez de oferta. Incluso llegó a encontrar inmuebles ocupados que ni siquiera podían visitarse.
Su idea inicial era comprar un chalet, pero pronto comprendió que el presupuesto no lo permitía. Finalmente optó por un dúplex en Illescas (Toledo), donde los precios resultaban mucho más asequibles que en Madrid capital.
La vivienda costó entre 100.000 y 120.000 euros, una cifra muy inferior a la que encontraba en la capital. Además de la cuota hipotecaria de unos 370 euros mensuales, calcula que los gastos básicos de la vivienda elevan el desembolso hasta unos 500 o 600 euros al mes.
No obstante, su mayor gasto sigue siendo el transporte. Actualmente trabaja en Pinto (Madrid), por lo que el combustible incrementa notablemente su presupuesto mensual. "Con el gasóleo ya se me va a 800 o 900 euros", explica.
Aun así, considera que el esfuerzo ha merecido la pena. La historia de Lolo se produce en un contexto especialmente complicado para los jóvenes españoles.
El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales retos de una generación que, pese a tener empleo, encuentra enormes dificultades para ahorrar lo suficiente como para comprar una casa.
Sin embargo, esa realidad dista mucho de la mayoría de jóvenes, que deben hacer frente a salarios ajustados mientras soportan el aumento del coste de la vida.
Según el Consejo de la Juventud de España, apenas el 15,2% de los jóvenes españoles vive fuera del hogar familiar. Asimismo, la edad media para independizarse ha superado la barrera de los 30 años, muy por encima de la media de otros países de la Unión Europea.
