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Las claves

La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología reservada a empresas o expertos. Herramientas como ChatGPT forman ya parte del día a día de millones de personas, incluidos los más jóvenes.

Ante esta nueva realidad, la Comisión Europea considera que los sistemas educativos deben dar un paso adelante y prepara una reforma para que todos los Estados miembros adapten sus colegios a la era digital antes de 2030.

Bruselas trabaja en un paquete legislativo que verá la luz durante el segundo semestre de 2026 y que pretende ampliar las competencias básicas que adquieren los alumnos durante su etapa escolar.

¿Qué reformas planea Bruselas para los colegios?

El objetivo es que, además de aprender a leer, escribir o calcular, los estudiantes desarrollen conocimientos que les permitan desenvolverse en un entorno marcado por la inteligencia artificial y la transformación digital.

La principal novedad de la propuesta es la incorporación de la alfabetización en inteligencia artificial como una competencia esencial. La Comisión quiere que los estudiantes comprendan cómo funcionan los algoritmos, cómo toman decisiones las máquinas y qué sesgos pueden existir en estos sistemas.

La reforma también plantea reforzar la resiliencia frente a la desinformación. En la práctica, los alumnos deberán aprender a identificar noticias falsas, contenidos manipulados o tecnologías como los deepfakes, cada vez más presentes en internet y en redes sociales.

Otro de los pilares será la denominada soberanía digital. Bruselas defiende que los ciudadanos europeos no deben limitarse a consumir tecnología desarrollada por terceros países, sino entender su funcionamiento y conocer cómo se gestionan sus datos bajo la normativa comunitaria.

La Comisión Europea considera que el modelo educativo heredado del siglo XX ya no responde a los desafíos actuales.

En su diagnóstico, enseñar únicamente las competencias tradicionales resulta insuficiente en un momento en el que la inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana y condiciona la forma de estudiar, trabajar e informarse.

Además del impacto educativo, Bruselas vincula esta reforma con la protección de las democracias europeas. La preocupación por las campañas de manipulación digital y la proliferación de contenidos falsificados ha llevado a la UE a considerar el pensamiento crítico como una herramienta de seguridad democrática.

Al mismo tiempo, la estrategia busca reducir la dependencia tecnológica de Europa frente a potencias como EE.UU. o China, alineando la formación de los futuros ciudadanos con las políticas europeas de innovación y desarrollo digital.

La futura normativa obligará a España a adaptar parte de su sistema educativo. Entre las principales medidas figura la actualización del currículo de la LOMLOE para reforzar la competencia digital y coordinar con las comunidades autónomas el contenido de estas nuevas enseñanzas.

También será necesario formar a miles de docentes en inteligencia artificial y nuevas tecnologías, además de cubrir las jubilaciones previstas hasta el final de la década.

Por último, Bruselas plantea reforzar la inversión en infraestructuras digitales para garantizar que todos los centros educativos dispongan de conexión y equipamiento suficiente.

El objetivo es reducir la brecha tecnológica, especialmente en zonas rurales y provincias afectadas por la despoblación, como Soria o Teruel, donde el acceso a recursos digitales sigue siendo un desafío.