Publicada
Actualizada
Las claves

A la 18:00 horas (00:00 horas), comenzó a temblar. Unos segundos antes Google había enviado una alerta sísmica, como un preámbulo que advertía de lo que venía, pero había poca preparación para lo que se avecinaba.

Lo que parecía un temblor se convirtió en un terremoto de magnitud 7,1. Frente a esta inesperada intensidad, presas del pánico, los venezolanos se apresuraron a aplicar lo que habían aprendido en los simulacros de emergencia en el colegio: bajar las escaleras, salir del edificio y quedarse en espacios abiertos.

Unos minutos después, un segundo terremoto, esta vez de magnitud 7,5, sacudió toda la zona de Caracas y la Guaira. El polvo, las grietas y los edificios desplomados se mezclaron con el terror de miles de venezolanos que acababan de vivir una tragedia. EL ESPAÑOL ha podido hablar con varios de los afectados que se atrevieron a contar cómo se vivió la pesadilla del doble terremoto.

"Somos vulnerables"

María Josefina, mejor conocida como Pipina, estaba sentada con su esposo, Jesús Armando, como un miércoles cualquiera. De repente, Pipina sintió un extraño retumbar, "está temblando", le comentó a su esposo. Sin embargo, curiosamente, no reaccionaron sino que "nos quedamos quietos viéndonos".

"De repente a los microsegundos, si es que existe esa medida de tiempo, empezó a moverse todo con una intensidad indescriptible, corrí hacia la entrada para bajar por las escaleras viendo muebles y vitrinas cayéndose a mi alrededor", comentó, todavía afectada con tal solo recordarlo.

Pipina vive al norte de Caracas en un último piso, mientras bajaba las escaleras con su hija y sus vecinos, sentía como todo a su alrededor temblaba. Su esposo había vuelto a "buscar unos zapatos que quería ponerse" y su hija Beatriz estaba con ella, ahora solo quedaba bajar todos los pisos.

"Mi vecina estaba muy asustada y repetía en nuestra eterna bajada del último piso del edificio que esto había sido peor que el del 67". En julio de 1967 tuvo lugar el terremoto más terrible de la historia de Venezuela, con una duración de 39 segundos resultó en 230 muertos y 1.500 heridos. Los sismos de ayer, hasta ahora, han contabilizado 180 muertos y 971 heridos.

Imagen de uno de los edificios afectados por los terremotos en Caracas. Rolando Seijas (Foto cedida)

"Al llegar a la calle, la gente estaba consternada y sacando sus coches del estacionamiento, no entendí cómo en ese momento a la gente se le ocurrió eso", recordó Pipina. En ese momento comenzó también la puesta en común entre vecinos: "La vecina del 10-A, se había quedado atrapada en el ascensor y la del 1-A oyó sus gritos y logró sacarla, no entiendo cómo, pero salió".

Lo cierto es que en ese momento la mente de Pipina solo tenía espacio para un sentimiento: el agradecimiento. "Estaba agradecida de que estábamos los tres juntos y estábamos bien, en la medida de lo que cabe, uno ve este horror y no queda más que agradecer que estamos vivos, es un mix de cosas, se me llenan los ojos de lágrimas de pensar lo vulnerables que somos".

"Entré al avión y empezó a temblar"

Isabella estaba en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar, preparada para emprender su viaje a España. Su vuelo despegaba a las 17:50 horas (23:50 horas), cuando empezó a embarcar alrededor de esa hora se dio cuenta que estaba retrasado. Hoy, agradece este retraso.

"Estábamos embarcando, ya estaba casi todo el vuelo embarcado, nos sentamos y empezó a temblar", contó Isabella que recalcó que "gracias a Dios", el avión no se movió porque todo podría haber terminado en una catástrofe.

Lo cierto es que la tripulación del avión avisó que en efecto había temblado y que el avión estaba en perfecto estado. Con lo cual, mientras se intentaba restablecer la comunicación con la torre de control, "esperamos".

Pasó una hora, hasta que "nos dijeron que bajásemos del avión, entonces bajamos unas escaleritas, caminé toda la pista, desde el aeropuerto internacional al nacional, y ni siquiera nos decían nada, solo 'sigan sigan'", continuó relatando la joven caraqueña.

Uno de los edificios derrumbados en Altamira, Caracas. Rolando Seijas (Foto cedida)

Después de recorrer toda la pista, eventualmente llegaron al aeropuerto nacional, para volver a salir del otro lado del mismo y allí "nos quedamos": "Las maletas y todo se quedó en el avión, yo tenía los bolsos de mano y ya, nos quedamos ahí en la calle y no nos decían nada".

El Aeropuerto de Maiquetía ha sido una de las zonas más devastadas por los terremotos. La joven venezolana comentó a este periódico que no vio daños en la pista, pero dentro del aeropuerto los vídeos en redes sociales han mostrado cómo los bloques de hormigón caían del techo y las paredes se derrumbaban

Búsqueda de supervivientes en Venezuela

Isabella, se encontraba ahora en medio de la calle, sola, sin señal en el móvil porque todas las comunicaciones habían caído y a más de una hora de su casa en Caracas: "Me hice dos amigas y al final decidimos agarrar un taxi a Caracas".

A pesar de la pesadilla, la joven logró llegar a su casa con su familia, habiendo dejado todas sus pertenencias en el avión en el que se suponía que viajaba a España.

"Toda la carretera estaba llena de piedras"

Patricia estaba en La Guaira con sus amigas disfrutando un día en la playa. Por algún motivo decidieron regresar una hora antes a Caracas, tenían planeado regresar alrededor de las 17:00 horas, pero decidieron regresar a las 16:00 horas.

El camino de La Guaira a Caracas es uno por el que hay que pasar por muchos túneles y que se encuentra rodeado por el cerro el Ávila. Con lo cual, Patricia iba conduciendo de regreso cuando "de repente, un poquito más adelante cayó una piedra".

En el momento, todas las integrantes del coche asumieron que como había llovido se había deslizado la piedra. No obstante, de repente el coche empezó a moverse de un lado a otro, "como una gelatina".

En medio de la confusión que sentía Patricia, su amiga le explicó lo que ocurría: "No es el coche, está temblando". "Mientras seguíamos avanzando veíamos puras piedras en la carretera", comentó.

Imágenes de La Guaira, zona afectada por los terremotos. Reuters Reuters

Sin forma de comunicarse con nadie, llegaron a Caracas y se toparon con los restos del terremoto: edificios sin paredes, agrietados y, en casos, desplomados.

"Nos vinimos a la casa y estaban todos los vecinos abajo y todos los coches afuera, una crisis de verdad, menos mal estamos bien, pero qué susto", expresó la joven que todavía estaba procesando que una ida a la playa pudo haber sido una tragedia.

¿Y los venezolanos hoy?

La noche del 24 de junio miles de venezolanos decidieron no dormir en sus viviendas por miedo a otro terremoto. Mientras algunos dormían en tiendas de campaña o en la calle con mantas, otros velaban los escombros y buscaban alguna forma de sacar a aquellos que estaban atrapados.

Lo cierto es que frente a las imágenes devastadoras y la angustia de estar incomunicados, los venezolanos han sabido 'resolver': "Esto es muy triste, pero lo bonito es la solidaridad de todo el mundo, aquí somos todos del mismo color", comentó a EL ESPAÑOL Rolando que al día siguiente decidió salir a ayudar y documentar lo que ocurría en Caracas, al día siguiente del terremoto.

Comienzan las horas cruciales para los venezolanos, en un ambiente donde se respira la angustia, la tristeza y el shock. Sin embargo, Venezuela, un país que lleva unos seis meses particularmente convulsos, siempre, de una forma u otra, consigue levantarse y seguir, esta vez llenos de polvo, miedo y grietas.