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Las claves

Comprar una vivienda de segunda mano se ha convertido en una de las opciones más habituales para miles de españoles.

La escasez de obra nueva y el encarecimiento del mercado han llevado a muchos compradores a fijarse en inmuebles construidos hace décadas. Sin embargo, esta realidad plantea una pregunta: ¿Cuántos años puede durar realmente un edificio de viviendas?

Esa es precisamente una de las cuestiones que analizó el arquitecto y divulgador inmobiliario Edu Saz a través de sus redes sociales (@Edu Saz).

En uno de sus últimos análisis, el experto aborda una preocupación que considera completamente lógica en un país donde el parque residencial envejece a gran velocidad.

Según explica, los datos son reveladores. Un informe de la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias sitúa la edad media de la vivienda usada en España en 43 años y medio. La situación es aún más llamativa en las grandes ciudades.

Un estudio elaborado por Idealista a partir de datos catastrales reflejaba que el porcentaje de viviendas con más de 40 años alcanzaba el 67,3% en Madrid, el 69,5% en Valencia, el 78,2% en Bilbao y hasta el 84,5% en Barcelona.

Ante estas cifras, muchos potenciales compradores se preguntan cuánto tiempo de vida útil le queda a una vivienda antes de afrontar problemas importantes.

La respuesta corta, según Saz, está en la normativa. "La vida útil de un edificio de viviendas debe ser de al menos 50 años", señala en referencia al Código Técnico de la Edificación (CTE), el principal marco normativo que regula la construcción en España.

Sin embargo, el arquitecto insiste en que esa cifra debe interpretarse correctamente. No significa que un edificio deje de ser seguro al cumplir medio siglo de existencia.

La denominada 'vida útil de proyecto' es el periodo durante el cual la estructura debe mantener sus condiciones de seguridad, estabilidad y habitabilidad con un mantenimiento ordinario adecuado.

De hecho, numerosos edificios históricos demuestran que una construcción bien ejecutada puede superar ampliamente esa barrera temporal. Para Saz, la duración real depende de numerosos factores que van mucho más allá de lo que fija la normativa.

Entre ellos destaca la calidad de los materiales empleados, el diseño arquitectónico, la adaptación al clima y al terreno, la correcta ejecución de la obra y, sobre todo, el mantenimiento realizado a lo largo de los años.

"La normativa no es el único factor influyente en la vida útil de un edificio ni muchísimo menos", explica. El arquitecto pone ejemplos muy concretos. Un mal diseño de cubiertas en zonas con lluvias intensas puede provocar filtraciones y daños estructurales.

Del mismo modo, una instalación deficiente de sistemas de aislamiento puede generar humedades capaces de deteriorar progresivamente los materiales de construcción.

La calidad de la ejecución también juega un papel fundamental. Durante periodos de fuerte demanda inmobiliaria, como ocurrió durante el boom de la construcción en España, algunos proyectos priorizaron la rapidez frente al control exhaustivo de la obra, lo que en algunos casos derivó en problemas que surgieron después.

A todo ello se suma el uso que hacen los propietarios del inmueble. Reformas mal ejecutadas, modificaciones de elementos estructurales o sobrecargas imprevistas pueden afectar seriamente a la durabilidad del edificio.

Por eso, antes de comprar una vivienda antigua, Saz recomienda revisar informes como la Inspección Técnica de Edificios (ITE) o el Informe de Evaluación del Edificio (IEE), documentos que permiten conocer su estado de conservación.

La conclusión del arquitecto es clara: no existe una respuesta universal sobre cuánto dura un edificio. Más allá de los 50 años que marca el CTE como referencia, cada inmueble tiene su propia historia.