Mientras en España el debate sigue atascado en la reducción de jornada a las 37,5 horas semanales, Reino Unido ya va diez pasos más adelante con una propuesta que cambia todos los esquemas.
Una consultora de servicios SEO llamada Lumen ha demostrado que el verdadero éxito de la conciliación no consiste en fichar menos días, sino en dar libertad absoluta al empleado.
Su revolucionario modelo reduce la jornada a 32 horas semanales sin horarios fijos, permitiendo que cada trabajador distribuya su tiempo a lo largo de los siete días de la semana, incluidos los fines de semana.
Libertad y flexibilidad total
La consultora ubicada en Cardiff, Gales aplicó primero la jornada laboral de cuatro días y descubrió que dicho modelo organizativo funcionaba muy bien para sus trabajadores.
Así, decidió implantar un nuevo modelo donde los empleados cuentan con una jornada reducida a 32 horas a la semana, pero con total libertad para decidir de forma individual cuándo y cómo distribuirlas.
Este sistema permite que los trabajadores repartan esas 32 horas a lo largo de los siete días de la semana. Por ejemplo, algunos empleados prefieren trabajar los domingos debido a que son días más tranquilos, con menos interrupciones y correos, lo que favorece su concentración.
De esta manera, los trabajadores pueden adaptar su jornada a sus necesidades personales y diarias, como citas médicas, hacer deporte, atender a sus hijos o resolver trámites familiares; además de adaptarse en función de factores externos como el clima, recuperando esas horas de manera autónoma a lo largo de la semana.
Ahora bien, a pesar de que haya una mayor flexibilidad, este modelo se sustenta con la confianza. Así, mientras los proyectos salgan adelante y se cumplan los objetivos fijados, la empresa no interviene en la organización del tiempo de la plantilla.
Por muy curioso que parezca, el país pionero de este tipo de jornadas reducidas es Islandia que entre 2015 y 2019 realizaron pruebas masivas en el sector público reduciendo la jornada a 35 y 36 horas semanales sin tocar los sueldos.
El resultado de esto fue un rotundo éxito. El estrés disminuyó al mejorar el balance vida-trabajo y la productividad se mantuvo o incluso mejoró. A raíz de esto, casi el 90% de la fuerza laboral islandesa tiene contratos con horarios reducidos o tiene el derecho a solicitarlos.
Otro país que ha intentado imponer esta jornada de 4 días es Bélgica, que se convirtió en el primero de la Unión Europea en implementarlo, sin embargo tenía un matiz interesante.
En este caso, los empleados pueden trabajar cuatro días en lugar de cinco, pero concentrando las mismas horas semanales, es decir que trabajan 9,5 o 10 horas diarias.
Por su parte Reino Unido llevó a cabo el mayor ensayo piloto con más de 60 empresas y 2.900 trabajadores. Al terminar el año, el 92% de las empresas decidió continuar con este modelo y un 30% lo adoptó de forma permanente inmediata.
Esto se tradujo en que los ingresos de las empresas aumentaron un 1.4% de media durante la prueba y las bajas por enfermedad cayeron un 65%.
Hay muchos otros países como Portugal, Alemania y España, que se encuentran en fase de prueba para poder implementar este cambio, ya que, realmente supone un importante beneficio en salud mental, medioambiente y distribución de tareas de cuidados y del hogar.
