Elegir el color de una pared suele considerarse una cuestión de gustos. Blanco, beige, azul o gris son decisiones que muchas veces se toman por intuición o siguiendo tendencias decorativas.
Sin embargo, para la arquitectura y divulgadora española Ter, conocida por acercar conceptos complejos de arquitectura y diseño a millones de personas en internet, el color tiene una función mucho más importante: modificar la percepción del espacio.
"La paleta de colores es exactamente igual de importante que los planos de una casa", afirma.
Su planteamiento se inspira en las teorías del arquitecto suizo Le Corbusier, uno de los grandes referentes de la arquitectura moderna, quien defendía que el color no era un simple elemento decorativo, sino una auténtica herramienta arquitectónica.
Según explica Ter, el error más frecuente consiste en escoger colores al azar. Antes de decidir qué tono utilizar, conviene preguntarse qué problema queremos resolver o qué sensación deseamos generar en una habitación.
La respuesta determinará la elección cromática. Para espacios pequeños, agobiantes o con sensación de claustrofobia, la recomendación es clara.
"Los blancos, azules y verdes difuminan los límites y dan sensación de amplitud", señala la arquitecta. Estos tonos fríos generan la ilusión óptica de que las paredes se alejan visualmente, ampliando la percepción del espacio disponible.
Ter pone como ejemplo una habitación donde una ventana está demasiado cerca de una pared. Pintar esa superficie de azul puede hacer que parezca más distante, reduciendo la sensación de encierro y aportando una mayor sensación de equilibrio.
La explicación coincide con las teorías desarrolladas por Le Corbusier en su conocida Policromía Arquitectónica.
El arquitecto sostenía que los colores fríos tienen la capacidad de crear profundidad y amplitud visual, mientras que los colores cálidos producen el efecto contrario.
Por ello, cuando una estancia resulta demasiado fría, impersonal o desarraigada, Ter aconseja recurrir a marrones, rojos o naranjas. "Los marrones, rojos y naranjas contraen el espacio y lo vuelven más pequeño y acogedor", explica.
Estos tonos acercan visualmente las superficies y ayudan a crear ambientes más íntimos y confortables.
Las posibilidades del color van mucho más allá. En habitaciones con formas irregulares, recovecos o pilares que rompen la armonía visual, la experta recomienda evitar que todas las paredes tengan el mismo tono.
"Si es todo del mismo color se nota más que es caótico; usar varios colores te ayuda a ordenarlo", sostiene.
Incluso elementos estructurales que normalmente llamarían la atención pueden disimularse mediante una estrategia cromática adecuada.
Si existe un pilar en medio de una estancia, una solución eficaz consiste en colorear las paredes y mantener el pilar en blanco.
De esta manera, el espacio se organiza visualmente y el elemento estructural pierde protagonismo.
Lo cierto es que el color también puede alterar la percepción de la geometría de una habitación. Pintar todas las paredes de un mismo tono intenso únicamente refuerza su forma original.
En cambio, aplicar el color de forma selectiva o extenderlo hasta el techo puede transformar por completo la sensación espacial. "Si pintas el techo del mismo color, la sensación es más como si estuvieras debajo de una cúpula", explica Ter.
Esta visión hunde sus raíces en las ideas de Le Corbusier, quien llegó a afirmar que "el color es un factor tan potente como la planta o la sección de una casa".
Más de medio siglo después, sus teorías siguen demostrando que una simple capa de pintura puede cambiar por completo la forma en que vivimos y percibimos nuestros hogares.
