Es bastante frecuente acudir a un parque público y encontrarse con algún perro suelto corriendo de un lado a otro, disfrutando de su plena libertad y de ser independiente de su esclava correa.
Sin embargo, a pesar de que sea algo bastante recurrente, no deja de ser una práctica ilegal. O al menos eso señala la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar animal.
Han pasado casi tres años desde la aprobación de esta nueva ley. No obstante, todavía hay diferentes medidas que siguen siendo ignoradas por los dueños de las mascotas a pesar de las graves multas que pueden conllevar.
La negativa a los perros sueltos
Desde la entrada en vigencia de la Ley de Bienestar Animal, esta ha incluido diferentes estrictos requisitos para erradicar el abandono y garantizar el cuidado de las mascotas en España.
Ya sea a través de la obligación de seguro de responsabilidad civil obligatoria, la prohibición de que los animales vivan en exteriores o el fin de la comercialización de mascotas en escaparates o tiendas físicas.
Pero hay una prohibición que afecta especialmente en estos momentos de verano que muchos dueños se aventuran a salir a pasear con sus mascotas y aprovechar los momentos del día de menor calor.
El artículo 27 de la ley fija expresamente la prohibición de que los animales de compañía "deambulen por espacios públicos sin la supervisión presencial de su titular o persona responsable".
Por tanto, por norma general, el perro debe ir atado con correa a todos lados. Ahora bien: ¿Cuáles son los motivos detrás de esta prohibición?
Para empezar está la seguridad ciudadana y convivencia. A pesar de que a los dueños les gusta que su perro vaya suelto, se pasee a sus anchas y disfrute de la libertad por las calles... el perro no deja de ser un animal.
Es decir, la mascota puede llegar a asustarse por un ruido fuerte, reaccionar de forma inesperada o abalanzarse sobre alguien por jugar y provocar un malentendido. Por tanto, la ley busca proteger el espacio común para todos, garantizando que no se genere ningún tipo de malestar a las personas, algo que no ocurre cuando se lleva al perro atado.
Otro de los motivos es la protección de la fauna y flora local. Un perro suelto en un entorno natural puede alterar el ecosistema, ya sea asustando a la fauna silvestre o impactando a la vegetación protegida.
Por último, la seguridad del propio animal. Nunca se sabe cómo puede reaccionar inesperadamente el animal por lo que para que no se pierda, sea atropellado o se meta en peleas con otros animales, es mejor opción que se mantenga vinculado a su dueño.
Por esa razón, los ayuntamientos habilitan diferentes zonas específicas o parques caninos para que los perros puedan ir sueltos aunque con la respectiva vigilancia del dueño.
Ahora, poniéndose en el caso de que el dueño decida pasear al perro sin correa en una zona no permitida, lo cierto es que estaría cometiendo una infracción legal. Por tanto, si solo va suelto en un sitio no autorizado, si el animal no causa ningún daño, las multas pueden moverse entre los 500 y los 10.000 euros.
Si a consecuencia de llevar al perro suelto se produce un ataque a una persona, provoca un accidente de tráfico, hiere de gravedad a otro animal o daña un espacio protegido, la sanción escala de inmediato hasta situarse entre los 10.001 y los 200.000 euros.
Además, si el perro causa algún percance estando suelto en un lugar prohibido, el seguro puede quedar inválido y que las indemnizaciones, costes médicos o materiales salgan del bolsillo del dueño.
