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Las claves

Corea del Sur ha decidido convertir la captación de talento internacional en una de sus principales herramientas para afrontar el desafío demográfico que amenaza su futuro económico.

Con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo y una población cada vez más envejecida, el país asiático ha puesto en marcha una batería de medidas migratorias destinadas a atraer graduados, investigadores y profesionales altamente cualificados procedentes del extranjero.

La iniciativa más ambiciosa es la denominada Top-Tier Visa, un programa lanzado en abril de 2025 y ampliado recientemente para incluir también a profesores universitarios e investigadores científicos.

El objetivo es reforzar sectores considerados estratégicos para el desarrollo del país, como la inteligencia artificial, los semiconductores, la biotecnología, la robótica, la movilidad avanzada o las tecnologías de defensa.

Esta visa está diseñada para captar a algunos de los mejores perfiles académicos y profesionales del mundo.

Entre los candidatos potenciales se encuentran graduados extranjeros con títulos de máster o doctorado obtenidos en alguna de las cien mejores universidades internacionales, así como expertos con experiencia en grandes compañías globales o centros de investigación de referencia.

A cambio, Corea del Sur ofrece ventajas poco habituales en su política migratoria. Los beneficiarios reciben el estatus de residencia F-2, denominado oficialmente 'Top Talent', que les permite trabajar con plena libertad en el país.

Además, tanto ellos como sus familiares pueden acceder a la residencia permanente en tan solo tres años, frente a los cinco años que suelen exigirse en los procedimientos ordinarios.

El plan incorpora también importantes incentivos económicos. Entre ellos destacan reducciones fiscales de hasta el 50% en el impuesto sobre la renta durante una década, ayudas para el acceso a la vivienda y facilidades administrativas para que los profesionales extranjeros puedan trasladar a sus padres o contratar ayuda doméstica.

La estrategia del Gobierno no se limita únicamente a los perfiles de élite. Para ampliar la base de talento extranjero, las autoridades han flexibilizado otras vías migratorias dirigidas a estudiantes internacionales y recién graduados.

Una de ellas es la visa D-10, destinada a la búsqueda de empleo. Gracias a las nuevas condiciones, los graduados extranjeros de universidades prestigiosas podrán permanecer en Corea del Sur hasta dos años mientras buscan trabajo.

Durante ese periodo también tendrán autorización para realizar prácticas profesionales y empleos a tiempo parcial.

Por otro lado, la visa E-7, utilizada por trabajadores cualificados, ha sido reformada para facilitar la contratación de jóvenes profesionales extranjeros. El Gobierno ha relajado algunos de los requisitos salariales y administrativos que hasta ahora dificultaban a las empresas tecnológicas y de servicios incorporar talento internacional recién graduado.

Detrás de estas medidas existe una preocupación de fondo. La caída continuada de la natalidad está reduciendo la población en edad de trabajar y amenaza con generar escasez de profesionales en sectores clave para la competitividad del país.

Durante años, el país fue considerado el principal símbolo de la crisis de natalidad mundial, registrando algunos de los índices de fecundidad más bajos del planeta. Sin embargo, los datos más recientes muestran un cambio de tendencia que ha sorprendido a los expertos.

Según las cifras oficiales correspondientes a 2025, nacieron 254.500 bebés, un 6,8% más que el año anterior. Se trata del mayor incremento anual de nacimientos registrado en los últimos quince años.

Además, la tasa de fertilidad aumentó desde 0,75 hasta 0,80 hijos por mujer, recuperando por primera vez desde 2021 la barrera del 0,8. A pesar de estos datos positivos, las autoridades mantienen la preocupación.

Durante 2025 fallecieron alrededor de 363.400 personas, una cifra muy superior al número de nacimientos registrados. Como consecuencia, Corea del Sur continúa perdiendo población de forma natural y cerró el año con un saldo demográfico negativo cercano a las 109.000 personas.

Los especialistas advierten además de que los problemas estructurales que han provocado la caída de la natalidad siguen presentes. El elevado precio de la vivienda, la intensa competencia educativa, la inseguridad económica de muchos jóvenes y las largas jornadas laborales continúan dificultando la formación de familias.

Así, la estrategia de atraer graduados, investigadores y profesionales extranjeros adquiere una dimensión que va más allá del mercado laboral.

Para Seúl, captar talento internacional se ha convertido en una herramienta complementaria para sostener el crecimiento económico y amortiguar los efectos de una transformación demográfica que seguirá marcando el futuro del país durante las próximas décadas.