Más allá del precio de la vivienda, que no para de subir, hay un obstáculo que frena la entrada de muchas personas en el mercado inmobiliario. Y no se trata de la cuota mensual de la hipoteca.
En concreto, se trata de la entrada que hay que pagar para que el banco acabe concediendo la hipoteca. Dicho de otra manera, un ahorro previo equivalente al 30% del valor del inmueble: el 20% en concepto de entrada, propiamente dicho, y el 10% restante para cubrir gastos como los de notaría, registro y gestión.
“Con 30.000 euros ahorrados, no se puede pagar la entrada y los gastos de un piso de 90 metros cuadrados en ninguna capital de provincia”, afirma Ferran Font, director de Estudios de pisos.com.
Reunir el dinero
Volviendo a esos 30.000 euros, ni siquiera la capital con el precio del metro cuadrado más bajo se ‘salva de la quema’. Porque, en Jaén, el precio por metro cuadrado está en 1.271 euros. El 30% para entrada y gastos sería de 34.320 euros, por lo que faltarían más de 4.000 euros para alcanzar el umbral.
¿Y si elevamos los ahorros a 40.000 euros? Sólo sería accesible en cinco capitales de provincia. A la sazón, Jaén, Zamora, Cáceres, Ciudad Real y Ávila.
"Lo verdaderamente revelador no es cuántas capitales quedan fuera, sino cuáles quedan dentro. El ahorro alcanza justo allí donde el empleo escasea y el dinamismo económico es menor, y se queda corto precisamente donde se concentran las oportunidades laborales", concreta Font.
Si se sitúa el listón en 50.000 euros, esa cifra llega a 21 ciudades. Junto a las ya nombradas, hay que añadir Lérida, Huelva, Lugo, Castellón de la Plana, Palencia, Orense, Córdoba, Almería, León, Cuenca, Badajoz, Murcia, Huesca, Teruel, Albacete y Tarragona.
Otras se quedan a las puertas, como Toledo, Valladolid o Soria (superan el umbral por sólo unos 1.000 euros). Y para acceder a vivienda en San Sebastián, Madrid, Palma o Barcelona, se superan entre tres y cuatro veces los 50.000 euros indicados.
"Pedirle a un joven que vive de alquiler que reúna 50.000 euros es, en la práctica, pedirle un imposible porque la renta mensual se lleva buena parte de la nómina y deja un margen mínimo”, prosigue Ferran Font.
Y aclara que “sin una ayuda familiar o una herencia detrás, la cuenta no sale por mucho que se apriete el cinturón”.
De ahí que concluya indicando que “llevamos años centrando el debate en la cuota mensual de la hipoteca, cuando el obstáculo decisivo aparece mucho antes: reunir el dinero de entrada. Quien no parte de ese colchón inicial ni siquiera llega a sentarse a negociar con el banco".
