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Las claves

En el entorno laboral, uno de los errores más comunes y perjudiciales que cometen los líderes es sobrecargar de trabajo a sus empleados más eficientes y resolutivos.

Aunque los empresarios suelen delegar las tareas más complejas, esta dinámica termina funcionando como un castigo encubierto al buen desempeño. Este fue el error que cometió Carlos Llull, electricista y autónomo que compartió sus errores como jefe de ocho empleados.

En lugar de un reconocimiento real, esta práctica genera un desequilibrio injusto en el que los mejores talentos asumen toda la presión mientras otros compañeros trabajan mucho más tranquilos, lo que inevitablemente provoca que los empleados valiosos abandonen la empresa.

"Es una ruina"

"Te voy a contar uno de los mayores errores que cometí cuando tenía empleados y te aseguro de que pasa en muchísimas empresas", introdujo la temática el electricista.

De esta manera, comentó que "hubo una época en la que llegué a tener ocho empleados, estábamos reformando pisos, haciendo viviendas de obra nueva, llevando mantenimientos de electricidad, de clima y el volumen de trabajo era una locura".

"Pero como suele pasar, había personas en las que confiabas más que en otras; el típico trabajador que llega puntual, que no pone excusas, que cuando hay un problema te lo resuelve y que sabes que va a sacar el trabajo adelante", señaló Llull, "¿Y qué hacía yo? Lo que hacen muchas empresas sin darse cuenta, le daba más trabajo".

Así expresó que por ejemplo los trabajos y clientes se los solía dejar a estos trabajadores, incluso en ocasiones les pedía quedarse más tiempo porque "hay que terminar esto"

La razón no era por darles más trabajo sino porque "sabía que podía confiar en ellos y durante mucho tiempo pensé que eso era reconocer su valor".

Sin embargo, eventualmente el electricista se dio cuenta de que "lo estaba castigando por trabajar bien, porque mientras algunos cargaban con más responsabilidad, otros vivían mucho más tranquilos".

"Y es que llega un momento en que las personas buenas también se cansan no porque sean vagas, no porque no quieran trabajar, sino porque sienten que siempre les toca tirar del carro. Y eso fue una de las lecciones más importantes que aprendí como empresario", sentenció el electricista.

Lo que expresó Llull es cierto, en muchas ocasiones cuando confían en un empleado, los empresarios deciden destinar la mayor parte de la carga laboral a este trabajador, sin intención de sobrecargarlo.

Las consecuencias de esto, pueden ser "muy peligrosas", como señaló el autónomo: "La gente buena se acaba marchando o peor se queda pero pierde la ilusión y esto para cualquier empresa, créeme, es una ruina".

Finalmente, el electricista reflexionó a raíz de su propia experiencia que "reconocer a la gente que aporta no siempre es darles más trabajo, es valorar su esfuerzo, escucharla y ser justo con las responsabilidades".