Publicada
Las claves

La industria de la madera requiere de profesionales que lleven a cabo las obras y reformas que exige el mercado. Siempre será necesario un carpintero que monte un armario desde cero; también un ebanista que diseñe un mueble de forma personalizada.

Sin embargo, con el paso de los años, la escasez de este tipo de profesionales se ha convertido en una realidad. El principal problema reside en que no hay relevo generacional para el momento en el que los actuales carpinteros se jubilen.

Rubén, joven dueño de una empresa de carpintería a medida en Madrid, ha avisado en una entrevista con el podcast especializado Sector Oficios que la gente se va a preocupar por la falta de trabajadores cuando no haya suficientes trabajadores para cubrir la demanda de obras o reformas.

Escasez de profesionales manuales

"La gente se va a dar cuenta cuando prácticamente quedemos cuatro o cinco, ahí es cuando de verdad lo van a echar de menos. De hecho, ya lo están empezando a notar porque no hay carpinteros, fontaneros, electricistas...", advierte.

Además, recuerda a la sociedad que la inteligencia artificial no va a ser capaz de sustituir a este tipo de oficios técnicos. "Cuando le pregunten a Chat GPT cómo se arregla y vean que no funciona se darán cuenta que Chat GPT eso no te lo arregla, te lo arregla el oficio".

Rubén cuenta durante la entrevista que él empezó a especializarse en el mundo de la madera porque de pequeño no le gustaba estudiar y, como su abuelo tenía un negocio de carpintería, empezó a trabajar con él a los 16 años.

Muy pronto la familia le mandó a Panamá para colaborar en la construcción de un hospital, pero sólo aguantó un mes. En su regreso a España, en un impulso emprendedor a los 21 años, montó un negocio de carpintería y de fabricación de cocinas con la cooperación de su madre.

Años más tarde, ya con más bagaje en el sector, creó otro taller de carpintería, bajo el nombre de Maderiz, ubicado en Madrid y centrado en el diseño de piezas de madera a medida. Este nuevo negocio fue impulsado en la pandemia con la cooperación de Daniela, momento en el que el proyecto empezó a carburar y se profesionalizó.

Pasó de formar un equipo junto a su madre a hacerlo con su pareja, pero en ambos casos con el mismo hilo conductor: la pasión por un oficio manual con el que se puede construir con las propias manos elementos tan importantes como armarios, cocinas, ventanas, puertas o estanterías.