En una época en la que las grandes estrellas del reguetón movilizan a miles de jóvenes, Gabi tiene claras sus prioridades.
La joven católica, residente en Madrid y colaboradora activa en su parroquia, asegura que no tendría problema alguno en, a pesar de ser fanática, renunciar a una entrada para ver a Bad Bunny si coincidiera con un encuentro con el Papa León XIV.
"Yo la vendo de una", aseguraba. "A mí Bad Bunny en ese momento me da absolutamente igual, yo quiero ver al Papa", afirma durante su participación en el podcast Una Iglesia, mil voces de la Archidiócesis de Madrid.
Su declaración no nace de un entusiasmo reciente. La figura del Pontífice ha estado presente en su vida desde la infancia. De hecho, uno de sus primeros recuerdos relacionados con la Iglesia se remonta a la elección del Papa Francisco en 2013.
Entonces tenía apenas nueve años y vivía en Honduras junto a su familia. Recuerda perfectamente la emoción que se vivió en casa aquella tarde frente al televisor.
Su padre intuyó antes que nadie cuál sería el nombre elegido por el nuevo Pontífice, mientras su madre se mostraba escéptica. Cuando se confirmó que el nuevo Papa se llamaría Francisco, la alegría fue inmediata.
"Yo veía a mis padres superfelices", explica. Aunque entonces no comprendía plenamente la importancia de aquel acontecimiento, la emoción de sus padres acabó transmitiéndole un cariño especial por la figura del Papa.
Poco tiempo después, su familia tomó una decisión que cambiaría sus vidas: abandonar Honduras y trasladarse a España en busca de un futuro mejor.
La adaptación no fue sencilla. A pesar de compartir idioma, las diferencias culturales fueron evidentes desde el primer momento.
"Los españoles sois muy directos", comenta entre risas al recordar cómo le sorprendía la forma en que algunos compañeros hablaban con los profesores. Sin embargo, con el paso del tiempo encontró en Madrid un lugar donde sentirse en casa.
Una de las claves de esa integración fue la parroquia de su barrio. Apenas una semana después de llegar a España, su familia buscó una iglesia donde asistir a misa.
Allí conoció a un sacerdote que la invitó a participar en un grupo de catequesis para jóvenes.
Al principio no le convencía la idea, pero acabó descubriendo un espacio que marcaría profundamente su vida. "Salí de allí diciendo: 'Mamá, me ha encantado, quiero volver'", recuerda.
Desde entonces, la fe se ha convertido en una parte esencial de su día a día. También participó en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Lisboa, donde pudo comprobar el impacto que la figura del Papa tiene entre las nuevas generaciones.
"Fue impresionante ver a tantos jóvenes juntos", explica. Para ella, el Pontífice sigue siendo una referencia espiritual capaz de unir a personas de distintos países y culturas.
Actualmente, además, dedica parte de su tiempo a gestionar las redes sociales de su parroquia junto a otra compañera.
Su objetivo es acercar la vida de la Iglesia a los jóvenes a través de contenidos digitales y mostrar una realidad que considera desconocida para muchos.
Por eso no duda cuando se le plantea un hipotético dilema si coincidiesen el concierto de Bad Bunny en Madrid y la visita del Papa. "Bad Bunny me puede cantar un perreo que me gusta, pero el Papa es mucho más importante", resume.
Esta afirmación de Gabi refleja la intensidad con la que vive la fe la joven y que precisamente, viendo el éxito del Conejo Malo en su gira, choca con un pensamiento generalizado hoy en día.
