A sus 42 años, Manuel acumula 23 años de experiencia en la construcción y una convicción inquebrantable: no volvería a trabajar por cuenta ajena. Ni siquiera por un sueldo de 3.500 euros al mes.
Este albañil cordobés, protagonista del podcast Sector Oficios, tiene claro que la independencia que ha conseguido como autónomo vale más que cualquier nómina.
"No volvería de empleado, creo yo", afirma sin titubeos. Y cuando le plantean una hipotética oferta para trabajar de 7 de la mañana a 16 de la tarde por 3.500 euros mensuales, su respuesta es clara: "No, no, no, me voy seguro".
Lo curioso es que Manuel no nació entre ladrillos ni andamios. De hecho, su familia se dedicaba al campo y él estudió hasta los 19 años, obteniendo el título de técnico en administración y gestión de empresas.
Su primer empleo fue en una oficina, elaborando facturas y presupuestos para una fábrica de bidones de poliéster. Sin embargo, aquella experiencia duró apenas unos meses.
"Se me caía el techo allí", recuerda sobre aquella etapa. El trabajo de oficina le resultó tan monótono que decidió cambiar radicalmente el rumbo y probar suerte en la construcción.
Sin embargo, el aterrizaje en la obra fue cualquier cosa menos sencillo. Comenzó como peón y el desgaste físico fue inmediato.
"La primera semana llegaba a mi casa y le decía a mi madre: 'Mamá, esto no es para mí'", recuerda. Pese a ello, se mantuvo firme. Aprovechaba los descansos para pedir a los oficiales que le enseñaran a colocar ladrillos y, poco a poco, aprendió el oficio.
Durante varios años trabajó poniendo ladrillo a destajo. Más tarde, la crisis inmobiliaria le obligó a reinventarse y pasó a desempeñarse como encofrador.
Pero el verdadero salto en su formación llegó cuando construyó su propia vivienda. Aquella experiencia le obligó a aprender por su cuenta tareas como alicatado, fontanería o cubiertas, convirtiéndose en un profesional capaz de afrontar cualquier fase de una obra.
Antes de cumplir los 30 años decidió dar un paso más y hacerse autónomo aprovechando una ayuda para emprendedores. Desde entonces han pasado 12 años.
Hoy lidera un pequeño equipo de tres personas especializado principalmente en obra nueva y cuenta con una cartera de trabajo que tiene ocupada su agenda durante los próximos dos años.
Paradójicamente, su principal problema no es la falta de clientes, más bien la falta de trabajadores. "No tengo capacidad de hacer más obra. Somos tres ahora mismo, pero necesito siquiera dos más", lamenta.
A ello se suma otro obstáculo: las certificaciones bancarias. Manuel denuncia que muchos promotores se ven obligados a liberar fondos de manera progresiva según avanzan las obras, lo que obliga a los albañiles a adelantar materiales y mano de obra durante semanas.
"Lo que quieren es exprimir un poco más al albañil", critica.
Así, a pesar de que disfruta de su profesión, no idealiza el sector. Considera imposible hacerse millonario siendo autónomo en la construcción y reconoce el enorme desgaste físico que implica.
De hecho, si pudiera volver atrás, estudiaría más para regresar a la obra "en forma de carpeta", como aparejador o arquitecto.
Mientras tanto, sigue compartiendo su experiencia en redes sociales, donde muestra el día a día de sus proyectos. No busca clientes, pero sí ayudar a quienes quieren conocer la realidad de un oficio tan duro como imprescindible.
