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Las claves

Estados Unidos está cerca de convertir una parte de su legado nuclear de la Guerra Fría en combustible para la revolución tecnológica del siglo XXI.

La Administración de Donald Trump ha iniciado negociaciones para entregar plutonio procedente de antiguas ojivas nucleares a varias empresas especializadas en reactores avanzados, con el objetivo de transformarlo en electricidad destinada a abastecer la creciente demanda energética de la IA.

El cambio de estrategia es, sin lugar a dudas, profundo.

Durante años, el plan del Gobierno norteamericano consistía en diluir y almacenar bajo tierra el plutonio excedente de su arsenal nuclear. Sin embargo, el Departamento de Energía (DoE) ha decidido dar un giro de rumbo y aprovechar ese material como recurso energético.

La agencia federal mantiene conversaciones avanzadas con cinco compañías: Oklo, Exodys Energy, SHINE Technologies, Standard Nuclear y Flibe Energy.

Sobre la mesa hay hasta 20 toneladas métricas de plutonio procedente de antiguas armas nucleares que podrían convertirse en combustible para una nueva generación de reactores.

La medida llega en un momento clave. El auge de la inteligencia artificial está disparando el consumo eléctrico de los grandes centros de datos en Estados Unidos.

El entrenamiento y funcionamiento de modelos avanzados requiere enormes cantidades de energía, lo que ha desencadenado una carrera por encontrar fuentes de suministro estables, constantes y libres de emisiones.

En este escenario destaca especialmente Oklo. La compañía, que ya ha confirmado su participación en el programa, es una de las firmas más conocidas del sector de los reactores avanzados y cuenta con el respaldo financiero de Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI y presidente de la junta directiva.

Su objetivo es desarrollar pequeños reactores nucleares capaces de suministrar energía durante largos períodos de tiempo con un mantenimiento reducido.

Estos sistemas están diseñados para alimentar instalaciones industriales, pero también los gigantescos centros de datos que sostienen el desarrollo de la inteligencia artificial.

La clave tecnológica reside en el tipo de reactores que estas empresas están desarrollando.

A diferencia de las centrales nucleares que todos conocemos, que usan principalmente uranio enriquecido, los reactores avanzados pueden emplear combustibles alternativos derivados del plutonio reciclado.

Algunas compañías seleccionadas trabajan además con tecnologías como el combustible TRISO, formado por diminutas partículas cerámicas especialmente resistentes y diseñadas para aumentar la seguridad operativa.

Para la Administración Trump, el programa representa una oportunidad para impulsar la industria nuclear estadounidense, atraer inversión privada y acelerar el despliegue de nuevas infraestructuras energéticas.

El Departamento de Energía sostiene que el plutonio almacenado constituye un recurso energético de enorme valor que puede ayudar a fortalecer el suministro eléctrico nacional. No obstante, el proyecto también ha generado inquietud entre expertos en seguridad nuclear.

Algunos especialistas advierten de que el plutonio apto para armamento sigue siendo un material extremadamente sensible y consideran que su transferencia a empresas privadas podrían incrementar los riesgos de proliferación nuclear si no se aplican controles estrictos.

Pese a las dudas, el mensaje de fondo es claro: Estados Unidos quiere transformar un material concebido para la disuasión militar en una herramienta para alimentar la economía digital.

Y precisamente el plutonio que durante décadas permaneció almacenado como herencia de la Guerra Fría podría acabar proporcionando la electricidad necesaria para sostener la expansión de la inteligencia artificial.