Publicada
Las claves

En España pocas cosas son tan habituales como abrir una lata de mejillones, berberechos o sardinillas para acompañar el aperitivo.

Son productos muy presentes en las despensas de cualquier casa y una solución rápida para una comida improvisada o una cena sencilla de picoteo.

Sin embargo, muchas veces los consumidores no tenían claro qué significaban realmente algunos de los términos que aparecían en las latas que se estaban comiendo, generando dudas a la hora de probarlos.

Por este motivo, desde el pasado 2 de enero ha entrado en vigor en España una nueva normativa que cambia la forma en la que deben identificarse muchos productos de pesca y acuicultura en conserva.

La medida está recogida en el Real Decreto 1082/2023 y busca ofrecer una información más clara y precisa a los consumidores.

A partir de ahora, las etiquetas deberán incluir tanto el nombre comercial reconocido en España como la denominación científica oficial de cada especie.

Estos nombres deberán coincidir con los registrados en la base de datos internacional ASFIS, utilizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Así, palabras como “al natural”, “en escabeche”, “ahumado”, “limpio” o “pasteurizado” tendrán un significado legal concreto y las empresas ya no podrán utilizarlas de manera ambigua o poco clara.

Asimismo, con esta normativa, también se regulan las distintas partes del pescado, como la ventresca, los lomos o los filetes, para evitar confusiones.

Sin embargo, uno de los cambios más llamativos afecta a las sardinas y sardinillas, ya que, aunque hasta ahora todo el mundo tenía claro que una sardinilla era simplemente una sardina pequeña, la nueva norma establece por fin una definición precisa y oficial.

Solo podrán llamarse sardinillas aquellas conservas elaboradas con ejemplares de Sardina pilchardus que cumplan unas medidas y pesos específicos según su procedencia.

Por su parte, la normativa también actualiza las reglas de las conservas de mejillones, almejas y berberechos, cuyas normas llevaban décadas sin revisarse.

El sector ha cambiado mucho en los últimos años y las autoridades consideran necesario adaptar las etiquetas a los nuevos productos y formas de consumo.

Además, las listas oficiales de denominaciones podrán revisarse cada año para incorporar cambios o corregir posibles problemas.

Por su parte, las empresas tendrán un periodo de adaptación para terminar de utilizar los envases antiguos ya impresos.

Todo esto busca que el consumidor pueda comparar mejor los productos y comprar con menos dudas, demostrando que lo que aparece escrito en la lata es realmente lo que te vas a encontrar dentro.