Llegó, un año más, el momento en que los ciudadanos deben hacer la declaración de la Renta. Tendrán de plazo hasta el 30 de junio. Y hay una situación que genera dudas, errores y, también, pérdidas a los contribuyentes.
“Una gran parte de las familias desconoce que debe presentar la declaración de la Renta de un fallecido, lo que en algunos casos puede derivar en errores o en la pérdida de devoluciones económicas”, explica Aitor Fernández, experto fiscal de TaxDown.
Porque, aunque muchas personas puedan pensar lo contrario, el fallecimiento no exime de llevar a cabo esta obligación fiscal. De hecho, son los herederos quienes deben encargarse de este trámite. Pero muchas veces no saben cómo hacerlo ni por dónde empezar.
Obligación
Antes de entrar en detalle, una matización: si una persona fallece, sus herederos están obligados a presentar su declaración de la renta si cumplía los requisitos habituales de ingresos.
Un trámite que debe realizarse dentro del mismo calendario que el resto de contribuyentes, independientemente del momento del fallecimiento.
También es conveniente saber que la declaración debe hacerse siempre de forma individual, y no puede integrarse en la de la unidad familiar salvo en casos muy concretos.
Por lo tanto, y en muchos casos, se debe recopilar documentación, acreditar la condición de heredero o gestionar accesos a datos fiscales que dejan de estar disponibles tras el fallecimiento.
Una vez presentada, y como cualquier otra de cualquier otro ciudadano, la declaración de la persona muerta puede salir a pagar o a devolver.
En este último supuesto, los herederos pueden reclamar ese dinero, aunque deberán aportar documentación adicional como certificado de defunción, testamento o justificantes bancarios, especialmente si el importe supera ciertos límites.
Errores
Los expertos de TaxDown (plataforma que facilita la declaración de la Renta) y Pazy (especializada en planificación funeraria y acompañamiento tras el fallecimiento) enumeran cuáles son los fallos más habituales cuando se da esta situación.
¿Cuáles son? No presentar la declaración, no reclamar devoluciones a las que se tienen derecho, intentar acceder con datos digitales del fallecido que ya están inhabilitados o no acreditar correctamente la condición de heredero.
Hacer esta gestión no sólo genera complicaciones administrativas, sino que añade una carga emocional extra en un momento especialmente delicado para las familias. Y, además, deben asumir múltiples responsabilidades en poco tiempo.
“Cuando fallece un ser querido, las familias se enfrentan a una acumulación de gestiones que muchas veces desconocen. La declaración de la Renta es una de ellas, y puede generar incertidumbre y estrés añadido”, concluye María Hermida, directora de Marketing de Pazy.
