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Las claves

Portugal estudia una fórmula inédita para acercar a los jóvenes a las Fuerzas Armadas sin recuperar el servicio militar obligatorio.

El Gobierno portugués ha puesto sobre la mesa un programa voluntario de formación cívico-militar dirigido a jóvenes de entre 18 y 23 años que incluiría una ayuda económica de 439 euros y la posibilidad de obtener el carnet de conducir de forma gratuita.

La iniciativa bautizada como 'Defender Portugal', todavía se encuentra en fase parlamentaria y no ha sido aprobada definitivamente, pero ya ha abierto un intenso debate político y social en el país.

El objetivo del Ejecutivo luso es reforzar el interés por la carrera militar y mejorar la captación de jóvenes en un modelo de ejército completamente profesionalizado desde la desaparición de la mili obligatoria en 2004.

El planteamiento portugués combina formación cívica y entrenamiento militar básico durante un periodo de entre tres y seis semanas.

Los participantes recibirían instrucción física, actividades relacionadas con la disciplina y sesiones centradas en responsabilidad cívica, todo ello en instalaciones vinculadas a las Fuerzas Armadas.

Al finalizar el programa, los jóvenes obtendrían un pago único de 439,21 euros y acceso gratuito al permiso de conducir a través de centros autorizados por el Estado o el ámbito militar.

Además, la propuesta contempla ventajas en futuros procesos de selección para puestos en las Fuerzas Armadas y determinados empleos públicos relacionados con seguridad y emergencias.

El Gobierno portugués defiende que la medida no busca militarizar a la juventud ni crear obligaciones futuras, sino ofrecer una experiencia temporal con beneficios prácticos para quienes se encuentren estudiando o iniciando su vida laboral.

La participación sería completamente voluntaria y no implicaría el ingreso posterior en el ejército.

Esta propuesta del Gobierno portugués, en sintonía con la iniciativa de Alemania hace escasas semanas, ha generado un debate acerca de las comparaciones con España, donde el servicio militar obligatorio desapareció en 2001.

Desde entonces, el modelo español se basa exclusivamente en fuerzas armadas profesionales, aunque existen fórmulas de participación voluntaria como la figura del Reservista Voluntario o el acceso a Tropa y Marinería.

Sin embargo, ninguna de estas vías comparte rasgos con el modelo planteado por Portugal. En España, el reservismo implica compromisos renovables de varios años y periodos de activación vinculados a formación o misiones concretas.

El ingreso en Tropa y Marinería, por su parte, supone contratos profesionales de dos o tres años y una formación militar completa.

El proyecto portugués apuesta por una fórmula mucho más breve y flexible, casi a medio camino entre un programa formativo y una experiencia de iniciación militar.

Precisamente ahí reside parte de su atractivo político: ofrece incentivos para jóvenes que quizás nunca se plantearían entrar en contacto con el ámbito de la defensa.

La propuesta llega en medio de un contexto europeo marcado por la preocupación creciente por la seguridad y la necesidad de reforzar las capacidades militares del continente.

Muchos países afrontan problemas de reclutamiento y envejecimiento de plantillas, mientras aumentan las demandas de perfiles tecnológicos y especializados.