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Las claves

Heredar la casa familiar, los ahorros de los padres o el negocio construido durante décadas puede convertirse en España en una factura de miles de euros.

Aunque algunas comunidades autónomas han reducido el Impuesto de Sucesiones, la tributación sigue generando debate entre quienes consideran injusto pagar por bienes que ya tributaron en vida.

En paralelo, varios países europeos han tomado un camino completamente distinto y han optado por eliminar este impuesto.

Uno de los ejemplos más llamativos es Suecia, uno de los estados con mayor presión fiscal de Europa, donde las herencias entre familiares directos no pagan ningún tributo desde hace más de veinte años.

El país nórdico abolió el Impuesto de Sucesiones y Donaciones en 2005 tras una decisión aprobada por unanimidad en el Parlamento sueco.

Desde entonces, recibir una herencia en Suecia no genera obligación tributaria, independientemente de la cantidad heredada o del parentesco entre fallecido y heredero.

La Agencia Tributaria sueca, conocida como Skatteverket, mantiene únicamente los trámites administrativos relacionados con el reparto de bienes y la gestión del patrimonio del fallecido, pero no exige el pago de un impuesto específico por recibir la herencia.

Suecia justificó la supresión del tributo por su escasa recaudación y por los problemas que generaba en familias y empresas. Diversos estudios económicos suecos señalan que el impuesto dificultaba la sucesión de negocios familiares y favorecía la planificación fiscal para evitar el pago.

La eliminación del impuesto también buscaba evitar que familias tuviesen que vender viviendas o patrimonio heredado para afrontar el pago a Hacienda. Antes de desaparecer, el tributo llegó a alcanzar tipos del 30% en algunas herencias familiares.

A pesar de ello, Suecia sigue gravando determinadas operaciones posteriores. Por ejemplo, si un heredero vende una vivienda o acciones recibidas en herencia y obtiene beneficios, sí debe pagar impuestos sobre las ganancias de capital obtenidas en la venta.

El modelo sueco contrasta con el sistema español, donde el Impuesto de Sucesiones depende de cada comunidad autónoma. Regiones como Madrid, Andalucía o Galicia aplican bonificaciones de hasta el 99% entre padres e hijos, mientras otras mantienen una carga fiscal más elevada.

Así, Suecia, que eliminó este impuesto hace ya dos décadas, se ha convertido en uno de los ejemplos más citados por quienes defienden reducir o suprimir el Impuesto de Sucesiones en Europa.