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Las claves

La relación entre Canadá y la Unión Europea ha entrado en una nueva fase. Lo que comenzó como un gran acuerdo de libre comercio se está transformando en una alianza económica y tecnológica mucho más amplia, con implicaciones directas para empresas, profesionales y sectores estratégicos.

El último paso en esa evolución apunta ahora a las pequeñas y medianas empresas, que pasarán a contar con una red específica de asistencia para facilitar su actividad en ambos mercados.

El tratado entre ambas partes, conocido como CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement), lleva aplicándose de manera provisional desde 2017 y permitió eliminar entre el 98% y el 99% de los aranceles comerciales.

Sin embargo, en 2026 el acuerdo ha dejado de centrarse únicamente en mercancías y exportaciones para abrir una nueva etapa basada en la digitalización, la seguridad económica y la cooperación tecnológica.

Uno de los cambios más relevantes llegó en marzo, cuando Bruselas y Ottawa iniciaron las negociaciones de un nuevo Acuerdo de Comercio Digital que complementará al CETA original.

El objetivo es adaptar la relación económica a una economía cada vez más digitalizada y facilitar especialmente la actividad de empresas pequeñas que operan en línea o prestan servicios internacionales.

La futura red de asistencia empresarial forma parte de esa estrategia. La intención es crear mecanismos de apoyo e información para que las pymes puedan acceder con menos obstáculos al mercado europeo y canadiense, especialmente en sectores tecnológicos, profesionales y de servicios digitales.

El plan incluye facilitar trámites, mejorar el acceso a información regulatoria y reducir barreras administrativas que todavía complican la expansión internacional de muchas compañías de menor tamaño.

El nuevo pacto digital también contempla medidas concretas para reforzar la seguridad jurídica de las operaciones electrónicas.

Entre ellas destaca el reconocimiento legal pleno de contratos, facturas y firmas digitales en ambas jurisdicciones, lo que permitirá simplificar operaciones comerciales y reducir costes burocráticos.

Además, Bruselas y Canadá quieren blindar la protección de datos personales y garantizar que las transferencias digitales se realicen bajo estándares comunes de privacidad y seguridad.

Otro de los avances más simbólicos de esta nueva etapa llegó a finales de 2025 con el primer Acuerdo de Reconocimiento Mutuo firmado bajo el marco del CETA.

Gracias a este mecanismo, los arquitectos europeos podrán ejercer en Canadá de forma más sencilla, y viceversa. Se trata del primer pacto de este tipo firmado por la Unión Europea para una profesión regulada dentro de un acuerdo comercial internacional.

La cooperación también se ha desplazado al terreno estratégico. En febrero de 2026, Canadá se incorporó al programa europeo SAFE (Security Action for Europe), reforzando la colaboración en materia de ciberseguridad, defensa y protección de infraestructuras críticas.

Paralelamente, el suministro de minerales estratégicos como litio y cobalto hacia Europa ha cobrado mayor relevancia en un contexto marcado por la necesidad de reducir dependencias externas, especialmente respecto a China.

Aunque el CETA todavía no ha sido ratificado plenamente por todos los parlamentos nacionales europeos, la práctica demuestra que ambas partes ya operan como si el acuerdo fuera definitivo. Y la nueva prioridad parece clara: convertir la relación comercial en una auténtica alianza económica y tecnológica de largo plazo.