La situación por la que pasa el mercado inmobiliario en España se puede resumir de la siguiente manera: falta de oferta, viviendas más caras y urgencia por parte de los ciudadanos de acceder a una de ellas.
Fruto de esta situación, cada vez son más los compradores que tienden a cerrar la compra a ciegas. Algo que ha sucedido durante el primer trimestre del mercado hipotecario español.
Y eso se traduce en que, en obra nueva, “prácticamente ninguna promoción llega a su finalización con viviendas disponibles”. Son palabras de Gonzalo Bernardos, profesor titular de Economía y advisor de Trioteca.
Viviendas más caras
La situación antes descrita tiene otro componente. Y es que como dice el también director del Máster en Asesoría, Gestión y Promoción Inmobiliaria de la Universitat de Barcelona, hay promotores que “retienen unidades para venderlas una vez finalizadas con incrementos de precio que pueden oscilar entre el 10% y el 15%”.
Es decir, que con esta práctica lo que están haciendo es replicar estrategias que ya se vieron durante el boom inmobiliario de hace dos décadas.
Este cóctel lo que está haciendo es que cada vez sean más las personas que compran una vivienda sin haberla visitado previamente.
“Nos encontrábamos casos puntuales de personas que habían dado arras sin ver el piso, pero hoy es una tónica demasiado habitual”, explica Ricard Garriga, CEO y cofundador de Trioteca.
Todo ello, fruto de “una situación de tensión extrema en el mercado”. Porque, además, los compradores actúan condicionados por el miedo a perder oportunidades. Y es que la competencia entre ellos se ha intensificado.
“Hay compradores que han intentado adquirir vivienda varias veces y no lo han conseguido porque llegan tarde. Después de tres o cuatro intentos fallidos, optan por comprar sobre plano o incluso sin visitar el inmueble para no perder la oportunidad”, remarca Bernardos.
Un comportamiento que se sustenta en dos factores clave: la urgencia habitacional y la incertidumbre financiera.
“Muchas personas necesitan cerrar la compra porque se les acaba el contrato de alquiler y no tienen alternativa. A eso se suma el miedo a la evolución del Euríbor, que empuja a los compradores a precipitarse y a no negociar el precio”, apunta Ricard Garriga.
¿Resultado? Los compradores no solo asumen más riesgos, sino que también están dispuestos a sobrepagar.
“La gente entra en una dinámica de pánico en la que prioriza asegurar la vivienda por encima de cualquier análisis racional”, concluye Garriga.
