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Las claves

El encarecimiento de la energía sigue marcando el día a día de los hogares españoles.

A pesar de las medidas incluidas en el plan 'antinflación', con el que el Gobierno busca mitigar el alto coste de vida mediante medidas temporales, el precio medio de la electricidad continúa siendo una preocupación.

Es por ello que cada vez más consumidores ajustan sus rutinas para aprovechar las horas en las que la luz es más barata, lo que ha obligado a cambiar incluso el uso habitual de los electrodomésticos.

Según detallan las comparadoras energéticas, las franjas más económicas suelen concentrarse a primera hora de la tarde y durante la madrugada.

Sin embargo, como muchas personas no están en casa al mediodía, optan por utilizar sus electrodomésticos por la noche. Lavadoras, lavavajillas o secadoras actuales permiten programar su funcionamiento para aprovechar esas horas de menor coste.

Pero, esto que a simple vista parece la solución más lógica para ahorrar, ya está generando muchas tensiones en las comunidades de vecinos.

El motivo principal es el ruido. Aunque los electrodomésticos han mejorado en eficiencia, siguen emitiendo sonidos que pueden resultar molestos, sobre todo de madrugada, cuando el silencio es absoluto.

No obstante, aunque la gran mayoría lo desconozca, hacerlos funcionar a esa hora sería incumplir la ley, ya que esta situación está claramente regulada.

La Ley de Propiedad Horizontal establece que los propietarios deben evitar actividades que causen molestias al resto de vecinos. Esto incluye los ruidos de estos electrodomésticos que interfieran con el descanso de los demás.

Y es que tal y como recoge la norma, ya no se trata solo de una cuestión de civismo, sino de una obligación legal.

A esto se suma la normativa sobre contaminación acústica, que fija límites más estrictos durante la noche.

En general, en horario nocturno los ruidos no deben superar los 25-30 decibelios dentro de las viviendas. Sin embargo, una lavadora puede alcanzar fácilmente los 50 decibelios en funcionamiento normal y superar los 70 durante el centrifugado, lo que sobrepasa con creces esos límites.

Sin embargo, este simple gesto que muchos consideran un gran ahorro, puede salir caro al traducirse en posibles sanciones.

El proceso suele comenzar con una advertencia por parte de la comunidad de vecinos, y si la conducta persiste, se puede acudir a la vía judicial.

Además, las ordenanzas municipales contemplan multas económicas que, en función de la gravedad o la reincidencia, pueden ir desde unos 300 euros hasta los 3.000 euros.

Por ello, los expertos recomiendan buscar alternativas, como utilizar programas más silenciosos o ajustar los horarios dentro de lo posible, para evitar conflictos y costes añadidos.