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Las claves

El 8 de abril de 2026 arrancó oficialmente la campaña de la declaración de la Renta 2025, y muchos contribuyentes empiezan a asimilar una realidad fiscal incómoda.

Este año, millones de trabajadores con rentas bajas, medias y altas verán cómo su factura del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) se incrementa, no por un aumento de tipos, sino por la falta de ajuste del impuesto a la inflación.

El fenómeno que genera este aumento se conoce como "progresividad en frío". Sucede cuando los salarios se elevan nominalmente (como ha ocurrido para hacer frente a la subida de precios) pero los tramos del IRPF y otros parámetros fiscales se mantienen sin cambios.

Así, muchos contribuyentes se ven obligados a pasar a tramos de tributación más altos, mientras su capacidad para afrontar gastos cotidianos y mantener su nivel de vida prácticamente no aumenta.

Según los cálculos del Registro de Economistas Asesores Fiscales, órgano del Consejo General de Economistas, quienes tengan rentas cercanas a 25.000 euros brutos anuales pagarán alrededor de 250 euros más de IRPF este año.

Esto se explica al comparar la situación actual con la que se habría producido si los tramos del impuesto se hubieran actualizado con la inflación.

Por su parte, las personas con ingresos próximos a 30.000 euros brutos al año afrontarán un aumento aproximado de 350 euros en su declaración.

El impacto no es lineal. Para rentas de alrededor de 45.000 euros, este sobrecoste se acerca a los 500 euros, y para quienes declaran unos 70.000 euros, el incremento se sitúa en más de 760 euros.

En las rentas más altas (superiores a 400.000 euros) el exceso de tributación por no deflactar supondrá un aumento de 2.147 euros.

Este cálculo no solo tiene en cuenta el efecto de los salarios, sino también la falta de actualización del mínimo personal y familiar, así como de otros umbrales exentos, que tampoco se han revisado a pesar de la inflación acumulada.

En teoría, algunas medidas fiscales recientes, como la reducción de tipos en determinados tramos, buscan compensar parcialmente este efecto.

El Ministerio de Hacienda sostiene que estas modificaciones suponen un alivio para los contribuyentes, aunque muchos expertos fiscales consideran que no compensan completamente la ausencia de deflactación.

Además, muchas comunidades autónomas no han actualizado sus tramos regionales o lo han hecho solo parcialmente, lo que añade complejidad al impacto del impuesto en función del territorio.

Por último, este efecto se refleja en las cifras de recaudación: en 2025, el IRPF alcanzó los 142.466 millones de euros, un récord histórico, impulsado en parte por el hecho de no haber ajustado los tramos a la inflación.