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Las claves

España ha dado un paso más en el endurecimiento de las penas por delitos de hurto, poniendo el foco en uno de los robos que desde hace unos años más se ve en las calles.

Con la nueva reforma del Código Penal ya aprobada por el Congreso, robar un móvil puede suponer penas de hasta tres años de cárcel, incluso aunque no haya violencia ni intimidación.

Hasta ahora, los hurtos de menos de 400 euros se consideraban delitos leves y, por lo general, se castigaban con multas. Esto incluía la mayoría de robos de móviles, ya que su valor económico no siempre superaba ese límite.

Sin embargo, la nueva ley cambia el enfoque y deja de centrarse únicamente en el precio del objeto robado, poniendo más peso en el impacto real que tiene para la víctima esa mala acción.

El cambio llega a través de la llamada ley de multirreincidencia, que busca castigar con mayor dureza a quienes repiten este tipo de delitos.

Y es que desde el pasado 10 de abril, si una persona acumula cuatro o más hurtos, aunque sean leves y de cantidades pequeñas, podrá enfrentarse a penas de prisión de entre uno y tres años.

Ante esta situación, el robo de este tipo de dispositivos se convierte en uno de los casos más claros donde se aplicará esta medida.

La clave está en que un teléfono móvil ya no se ve solo como un objeto de valor económico, ya que hoy en día, estos dispositivos contienen información personal, fotos, datos bancarios, conversaciones y todo tipo de contenido privado.

Es por ello que la ley reconoce que su sustracción tiene un impacto mucho mayor que el simple coste del aparato.

La iniciativa, que comenzó su camino en 2024 tras una propuesta impulsada por el partido encabezado por Carles Puigdemont, ha sido finalmente aprobada con una amplia mayoría parlamentaria tras meses de debate.

Su objetivo es frenar la reiteración de pequeños delitos como este que, aunque individuales puedan parecer menores, generan una gran sensación de inseguridad y afectan tanto a ciudadanos como a comercios.

Ahora, el reto será comprobar si este endurecimiento de las penas consigue reducir este tipo de robos, cada vez más frecuentes en el día a día de muchas ciudades.