Las claves
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Suiza es uno de los países favoritos de los españoles para ir a trabajar, ya sea en la temporada de invierno o en la de verano. Y son varios los sectores en los que se puede acceder a su mercado de trabajo.
Por ejemplo, sectores como enfermería, ingeniería, electricidad, hostelería y desarrollo de software buscan activamente empleados procedentes de otros países.
Además, los españoles tienen otras ventajas. Por ejemplo, no se les aplica el límite de 8.500 visados que si está en funcionamiento para ciudadanos no pertenecientes a la Unión Europea (UE) o a la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC).
Trabas burocráticas
El hecho de que existan acuerdos de libre circulación de personas entre la UE y Suiza no significa que no existan trabas burocráticas, económicas y lingüísticas. ¿Cuáles son?
Por ejemplo, aunque un ciudadano español no necesita visado para entrar a Suiza, hay un dato que conviene ser muy tenido en cuenta.
Y es que, si la estancia supera los tres meses, o el contrato es superior a ese periodo de tiempo, se debe solicitar un permiso de residencia y trabajo en la comuna (municipio) donde se viva.
Además, y para obtener el permiso, casi siempre se necesita tener un contrato de trabajo firmado y un lugar de residencia.
A todo ello hay que añadir otra barrera que muchas personas pasan por alto pero que acaba siendo fundamental: el idioma. Porque, dependiendo de la zona, y del empleo, se suele requerir un nivel alto de alemán, francés o italiano. Cierto que el inglés ayuda, pero para determinados puestos no es suficiente.
Otro asunto que conviene tener muy en cuenta es el coste de vida, que es bastante más elevado que en España. De hecho, es uno de los países que tiene uno de los más altos del mundo.
Y, dependiendo de la profesión, se necesita homologar el título. Algo que sucede si se quiere trabajar en sectores como la sanidad, la enseñanza o las ingenierías.
Otro gasto que hay que tener en mente es el del seguro médico privado. En un primer momento no es necesario aunque antes de tres meses hay que contratarlo. ¿Su precio? Entre 320 y 640 euros mensuales dependiendo del cantón, la aseguradora y la franquicia.
