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Las claves

La revalorización de las pensiones aprobada por el Gobierno supuso un aumento del 2,7% de dicho importe, no obstante, hay una letra pequeña.

Lo cierto es que dicha subida supone alrededor de 500 euros brutos al año; sin embargo, esto implica que Hacienda se queda una parte de este dinero a través del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF).

Teniendo esto en cuenta, lo cierto es que la emoción inicial de los jubilados españoles, rápidamente se transforma en angustia al pensar lo que les quitarán de esos 47 euros mensuales.

¿Por qué les quitan más?

Básicamente, la revalorización general de las pensiones corresponde al 2,7%, como fue mencionado anteriormente, y va ligada al Índice de Precios al Consumidor (IPC), es decir, a la inflación.

Esta subida, a su vez, aumenta la base imponible en el IRPF, ya que se trata de un impuesto progresivo, con lo cual, cuanto más se ingresa, mayor es la retención.

El incremento de 2,7% beneficiará a 9,4 millones de pensionistas en España. Sin embargo, algunos jubilados podrían cobrar menos.

Por ejemplo, una pensión media de 1.516 euros mensuales con la revalorización del 2,7% aumentaría unos 40 euros brutos.

No obstante, si a esta pensión se le aplica una retención del IRPF, el incremento neto serían 23 euros. En otras palabras, el 43% del incremento (17 euros) se quedan en Hacienda.

Ahora bien, esto funciona así por dos motivos. En primer lugar, la propia naturaleza de este impuesto, que es progresivo, con lo cual, como se explicó anteriormente, cuantos más ingresos, mayor es el impuesto.

Además, el sistema funciona por tramos, con lo cual, cuando sube la pensión, el tipo por el que tribute también sube, con lo cual, pequeñas revalorizaciones pueden tener grandes impactos.

Con esto, dependiendo de la pensión Hacienda puede quedarse con un 32%, un 37% e incluso hasta un 43% en ciertas situaciones como la antes nombrada.

Los más afectados por estas retenciones son aquellos pensionistas con rentas medias, es decir, entre 15.000 y 22.000 euros anuales. En estos casos, los cambios en reducciones y tramos tienen más impacto.

Las pensiones muy bajas, en muchos casos, están exentas o tienen retenciones mínimas, mientras que las que son muy altas suelen perder menos porcentaje de la subida porque la estructura de tramos les afecta de otra forma.

Así, a nivel práctico el jubilado verá una subida en bruto que no corresponderá a lo ingresado en neto. En la declaración de la Renta puede haber una devolución inferior o que incluso salga a pagar, porque el total anual de ingresos ha crecido.

En resumen, la subida general del 2,7% es real y es algo garantizado, no obstante en el bolsillo de los jubilados la realidad será distinta, ya que, el verdadero incremento depende del IRPF y de la pensión neta.