Las claves
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"El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres". Esta advertencia, atribuida a Platón, resuena hoy con fuerza en un mundo donde el desencanto ciudadano y la desafección política parecen marcar la pauta.
Aunque fue pronunciada hace más de dos mil años, su mensaje es innegablemente contemporáneo: la indiferencia ante la vida pública tiene consecuencias concretas y, a menudo, peligrosas.
Para Platón, la política no era un ámbito periférico, sino el eje que articulaba la justicia, la ética y el bienestar común.
En su obra La República, el filósofo defendía que los más sabios debían gobernar, no por ambición personal, sino por responsabilidad hacia la ciudad.
Su advertencia era clara: si los ciudadanos capaces de influir en la gestión pública se retiran o se desentienden, el poder queda en manos de quienes buscan el beneficio propio, sin importar la ética ni la preparación.
En la actualidad, la frase de Platón adquiere múltiples interpretaciones. La apatía se refleja en la abstención electoral, en la desinformación compartida en redes sociales y en la indiferencia ante la corrupción o las políticas locales.
Cuando la sociedad deja de involucrarse, el debate público se empobrece y quienes buscan el poder por ambición, populismo o intereses particulares encuentran terreno fértil.
Así, la democracia, que exige participación activa, se ve amenazada por la propia inacción de los ciudadanos.
No se trata de exigir que todos se conviertan en expertos en teoría política, sino de entender que cada decisión colectiva, desde el presupuesto municipal hasta la legislación nacional, afecta directamente la vida cotidiana.
La política no es un espectáculo ajeno; es la gestión de lo común. Renunciar a ella es, en esencia, ceder la voz a quienes no necesariamente velan por el interés general.
El llamado de Platón, entonces, no es únicamente una crítica a la pasividad, sino un recordatorio de responsabilidad cívica.
Participar, informarse, opinar y exigir transparencia no son gestos opcionales: son herramientas para garantizar que quienes gobiernan estén a la altura de sus obligaciones.
Cuando los mejores se retiran, los peores ocupan su lugar. Y ese precio, señala el filósofo, es demasiado alto para pagarlo.
