Las claves
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Entre los derechos que recoge el Estatuto de los Trabajadores, uno de ellos es la suspensión del contrato por incapacidad temporal como una causa legítima de ausencia al trabajo, manteniendo el vínculo laboral mientras dura la baja.
El salario de un trabajador de baja se sustituye por una prestación por incapacidad temporal, que se financia con las cotizaciones a la Seguridad Social de empresas y trabajadores, y la paga la Seguridad Social o la mutua.
Sin embargo, en los últimos años ha habido un gran auge de las bajas laborales que ha disparado el gasto social y que preocupa tanto a la Seguridad Social como a las empresas, especialmente tras el estudio de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF).
El problema con las bajas
La incapacidad temporal (IT) en España se ha convertido en un fenómeno que, más allá de los números, refleja la complejidad del mercado laboral y los retos del sistema de Seguridad Social.
Un reciente estudio de la AIReF muestra que entre 2017 y 2024, las bajas laborales no solo han aumentado en número, sino que también se han prolongado en el tiempo y concentrado en un grupo reducido de trabajadores.
Esto ha generado implicaciones importantes para las finanzas públicas y la gestión laboral. En términos económicos, la incidencia de las bajas ha alcanzado cifras históricas.
El gasto en IT en 2024 ascendió a 16.500 millones de euros, consolidándose como el segundo mayor componente del gasto de la Seguridad Social, solo superado por las pensiones.
Este crecimiento refleja tanto la mayor frecuencia de bajas como su prolongación: la duración media de los episodios pasó de 40 días en 2017 a 45,9 días en 2024.
Además, el número de bajas por cada 1.000 afiliados aumentó un 58,4%, un indicador que subraya la expansión de este fenómeno en todos los sectores de actividad.
Pero más allá de los datos agregados, el estudio de la AIReF permite identificar perfiles de riesgo claros.
La variable más predictiva es haber estado de baja el año anterior: los trabajadores con antecedentes de incapacidad temporal tienen una probabilidad 2,5 veces mayor de iniciar un nuevo episodio.
Esto se traduce en que, entre quienes estuvieron de baja en 2023, casi el 44% volvieron a estar de baja en 2024.
Este patrón evidencia que las bajas no se distribuyen de manera homogénea, sino que se concentran en un grupo reducido de personas: el 50% de los trabajadores acumula ya el 77% de todos los episodios.
La reiteración se ha convertido en un fenómeno estructural, que requiere estrategias específicas de gestión y control.
Otros factores también influyen en el riesgo de baja. Trabajar en grandes empresas incrementa la probabilidad de incapacidad temporal en un 81%, mientras que las mujeres presentan un riesgo un 21% superior al de los hombres.
La edad también marca la diferencia: la incidencia es más alta en menores de 40 años, mientras que las bajas más largas se producen en mayores de 65.
Asimismo, la transición de contratos temporales a indefinidos aumenta la probabilidad de baja un 30%, sugiriendo que la estabilidad laboral facilita la toma de descansos sin miedo a perder el empleo.
El tipo de patología influye en la duración y repetición de las bajas. Las más frecuentes son las musculoesqueléticas y respiratorias, aunque las infecciosas han aumentado notablemente.
Sin embargo, el mayor impacto se lo llevan los trastornos mentales, que han aumentado un 80% y presentan las duraciones más prolongadas: 98,5 días de media. Esto pone de relieve la mayor importancia de la salud mental y su factor en la gestión de la incapacidad temporal.
El sistema, no obstante, presenta debilidades estructurales. Existe un desfase entre quien paga la prestación (el INSS) y quien decide sobre la baja (los médicos de atención primaria), que no asumen directamente el coste económico.
Mientras, la negociación colectiva ha aumentado la cobertura salarial durante las bajas, y la AIReF señala que cuando los complementos cubren el 100% del salario, la probabilidad de iniciar una baja sube hasta un 40%.
Por ello se proponen una serie de medidas para afrontar este panorama. Para empezar, la creación de una unidad especializada en el INSS que intervenga de forma temprana en los procesos.
También proponen estrategias empresariales que faciliten la reincorporación gradual y sistemas de alerta automática que prioricen a quienes inicien una segunda baja en el mismo año.
Estas acciones buscan no solo reducir el gasto y la duración de las bajas, sino también proteger la salud laboral y garantizar una gestión eficiente del sistema. Ahora es el turno de la Seguridad Social de tomar cartas en el asunto.
