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Las claves

Al igual que el sector inmobiliario, los trasteros en España están viviendo un boom claro. De hecho, nuestro país es el cuarto mercado de self-storage de Europa.

De hecho, se estima que la facturación del sector puede superar los 400 millones de euros al año, con más de 1.500 instalaciones repartidas por el país.

Así, el emprendedor ruso Arseniy vio una oportunidad de negocio con los trasteros, fundando Balearic Box con la que ofrece más de 300 trasteros en Mallorca.

El negocio de los trasteros

Inspirándose en el negocio similar de su padre en Rusia, Arseniy emigró a Mallorca para fundar su propia empresa de trasteros en España.

Allí encontró una nave en la que decidió construirlos: "Para tres plantas necesitas más de 1 millón de euros. Es una inversión muy importante. Y si alquilas el edificio necesitas más o menos de 8 a 10 años para recuperar la inversión".

El empresario confiesa que es un negocio realmente rentable dado que atrae ingresos pasivos y cuenta únicamente con dos trabajadores: él y su encargado Quintilo. "Es el negocio perfecto", reconoce.

Actualmente disponen de 346 trasteros y una amplia variedad de tamaños y precios: de lockers por 30 euros a almacenes de 30 metros cuadrados por 600 euros. "Pero el de los trasteros medianos son 120 euros al mes", apuntaba Quintilo.

"Depende del precio para alquilar y del edificio, pero creo que con 50 trasteros tamaño medio de 3-4 metros puede ser un negocio bueno para recibir ingreso pasivo", indicaba Arseniy. "Y si tienes dinero es uno de los sitios con menos riesgo en el mundo".

En ese sentido, su volumen de ventas y ahorro en gastos le permite una gran rentabilidad: "Actualmente generamos más o menos 42.000 euros al mes y tenemos gastos de unos 19.000 euros. Tenemos un rendimiento neto de 20.000 euros. La rentabilidad es muy buena".

Ese desembolso se reparte en: 11.000 euros por el alquiler, 4.000 euros en nóminas, 1.700 euros de marketing y luego unos 400 euros en servicios como la electricidad y el agua.

Sin embargo, a pesar del gran funcionamiento de su negocio, Arseniy tiene un consejo claro: mejor ser propietario del edificio que alquilarlo.

"Para nosotros después del 50% de ocupación ya empieza a ser rentable pero si eres dueño del edificio, después del 5-10% de ocupación vas a recibir un dinero", señalaba el empresario.

Asimismo, cuando su negocio estaba en auge, tuvo un problema que afectó su funcionamiento. El Ayuntamiento les prohibió usar la tercera planta de la nave dado que los trasteros no cumplían con la normativa de los 3 metros de alto: pasando de 500 a 346 trasteros.

"Perdimos 300.000 euros de facturación y un 30% de nuestro stock". Por ello, de cara a recuperar su inversión, el empresario reconoce que sigue siendo rentable "pero ahora necesitamos 12 años para recuperarlo en lugar de 8".

El uso de estos trasteros va desde guardar las cosas por estación a almacenes temporales durante mudanzas. "Y también hay muchos clientes que lo usan como almacén de negocio, les sale más barato que tener su propio local", aseguraba Quintilo.

La experiencia de Arseniy demuestra que el negocio de los trasteros puede convertirse en una fuente de ingresos estable y altamente rentable, siempre que se aborde con planificación, capital suficiente y conocimiento normativo.

Su caso ilustra tanto el atractivo de un modelo basado en ingresos pasivos y costes contenidos como la importancia de cumplir con la legislación urbanística para evitar contratiempos que afecten la rentabilidad.