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Las claves

Mucha gente se frustra cuando acude a un bar y por una botella de agua pequeña le cobran hasta 3 euros. Un precio que muchos clientes tildan de abuso y de desproporcionado.

El problema es que cuando tienes sed es muy complicado renunciar a un trago refrescante y en la mayoría de casos se termina pagando por el envase. Sin embargo, la solución está en pedir un vaso para que salga a coste cero.

Hay que tener en cuenta que, según el Boletín Oficial del Estado (BOE), todos los clientes de bares, restaurantes o establecimientos de hostelería tienen derecho a pedir un vaso de agua de forma gratuita. La diferencia reside, precisamente, en si el agua viene del grifo o es mineral.

Agua no embotellada

Así lo estipula la Ley 7/22, que obliga a los profesionales de la hostelería a dar un vaso de agua no embotellada a los clientes que lo soliciten. Una norma muy celebrada, sobre todo en las regiones de España con menos necesidad de filtro y, por ende, con un mejor sabor.

Por eso es tan importante que cuando se acude a un restaurante y se tiene la intención de beber agua no embotellada, se especifique con precisión al camarero que se va a pedir un vaso de agua y así evitar confusiones que puedan derivar en que traigan una botella y se incluya en la cuenta.

Esta ley también actualizó una serie de normativas para intentar reducir el uso de plástico y conseguir así proteger el medioambiente de residuos. En concreto, se limitó en restaurantes, supermercados u otro tipo de establecimientos los plásticos de un solo uso y se prohibieron otros como cubiertos, platos, vasos y productos de plástico con aditivos que se degradan más velozmente.

Al hilo de la lucha contra el uso de los plásticos, Greenpeace sostiene que cada año llegan al mar entre 11 y 14 millones de kilos de plástico. Materiales nocivos y altamente peligrosos para la fauna marina.

La polémica de los tapones

En consecuencia, fue muy sonada también la directiva europea que obligó a pegar los tapones al envase de las propias botellas de plástico tanto de agua como de otro tipo de refrescos, impidiendo que se desprendan y que se conviertan en un nido de contaminación tanto en el campo como en el mar.

La legislación entró en vigor el 3 de julio de 2024 en el espacio comunitario y obliga a que los envases de bebidas de un solo uso de plástico de hasta 3 litros tengan el tapón unido al envase. Medida que ha generado una fuerte polémica por su incomodidad y porque en otros continentes no se aplica, lo que dificulta que a nivel global se reduzca la proliferación de residuos.