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Las claves

Compartir piso es una práctica que está asociada con estudiantes y gente joven que tiene que conformarse con una habitación. ¿El motivo? No tienen el dinero suficiente para acceder a un piso en su totalidad.

Sin embargo, en un contexto en el que los precios de la vivienda están por las nubes y los salarios continúan estancados, surgen casos de adultos e incluso de personas que están a punto de jubilarse que se ven obligadas a compartir vivienda para llegar a fin de mes.

Begoña Revuelta tiene 63 años y ha contado ante los micrófonos del Programa de Ana Rosa su llamativo caso, puesto que comparte piso con 12 personas desconocidas y más jóvenes que ella. "Pago 600 euros por una habitación y el baño es compartido", revela.

Su contrato expira en marzo

Se encuentra a las puertas de la jubilación, momento en el que lo ideal es tener la hipoteca pagada. En cambio, la vida le ha colocado en una situación totalmente opuesta. Eso sí, no tiene ningún problema con el resto de inquilinos, afirmando incluso que está "tranquila, a gusto y la casa es tan grande que parece un hotel".

El problema está en que ellos se han independizado de casa de sus padres y no tienen inconveniente en compartir piso, ya que se imaginan que es algo temporal. "Ellos tienen toda la vida por delante, pero yo no", dice preocupada la entrevistada.

A su situación se le suma una problemática que atemoriza a miles de inquilinos en el país: el fin del contrato del arrendamiento. Ella ha desvelado que el suyo termina en marzo y que ahora mismo este "es su gran temor".

Aparte de la mensualidad que paga, que aunque sea sólo una habitación, asciende casi a la mitad del nuevo salario mínimo aprobado para 2026 (1.221 euros brutos en catorce pagas), tiene que sumarle costes extraordinarios por invitar a casa a gente de fuera.

En concreto, 40 euros por la entrada de terceros en el piso, a lo que Begoña dice que supone un problema en el caso de que "traiga a un novio o a su madre".

En este sentido, es cierto que los propietarios estipulan sus propias normas de convivencia en los inmuebles que ponen en alquiler, pero en general en España no se suele cobrar una tarifa extra por invitar a un tercero.

La mujer concluye aclarando que entiende "a una pareja que alquila vivienda", por lo que pone en la diana sólo "a los grandes tenedores" que, según su punto de vista, especulan y hacen negocio con un bien tan trascendental como los hogares de los ciudadanos.