Las claves
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En su búsqueda por la sostenibilidad, la Unión Europea (UE) ha puesto fecha a la normativa que pondrá fin a los sobres monodosis de ketchup, mayonesa, mostaza y otros condimentos como el aceite y el azúcar.
Este cambio, que comenzará a aplicarse en verano de 2026, significará un cambio importante en la forma de consumir estos condimentos en restaurantes, bares y hoteles, que deberán sustituir estos envases.
El objetivo de la medida, parte del nuevo Reglamento de Envases y Residuos de Envases (PPWR), es reducir residuos y, a su vez, avanzar hacia un modelo económico más circular.
¿En qué consiste la medida?
La medida no afecta únicamente a estos sobres, sino también se aplica a minibotes de champú y otros productos de higiene en hoteles que deberán sustituirse por dispensadores fijos recargables.
Los establecimientos deberán hacer la adaptación antes del 12 de agosto de 2026, cuando entrará en vigor la normativa.
En España se permitirá seguir usando sobres únicamente si son de plástico compostable certificado hasta el año 2030, cuando la prohibición será total para cualquier tipo de sobre.
Esta restricción se aplica solo al consumo en sala; es decir, que los servicios de comida a domicilio podrán seguir utilizando dichos sobres, siempre y cuando se cumplan los criterios de sostenibilidad establecidos por la Unión Europea.
La medida forma parte de una normativa europea más amplia de economía circular, reducción de residuos y refuerzo del ecodiseño de los envases.
Lo que busca la UE con esta normativa es abordar la problemática de la basura de envases y atacarla desde la raíz, limitando así ciertos formatos desechables como los sobres monodosis, que son muy comunes.
¿Cómo afecta esta normativa?
En la hostelería se utilizan estos sobres por motivos de higiene, control de costes y, sobre todo, comodidad operativa.
De esta manera, la implantación de esta normativa obliga a estos establecimientos a buscar alternativas, como pueden ser dispensadores recargables, tarros colectivos o pequeños recipientes reutilizables.
Este cambio se traduce en un mayor control de la higiene, formación del personal y una nueva forma de gestionar las raciones.
Lo cierto es que esto también supone para la hostelería una mayor inversión y costes operativos adicionales que pueden suponer miles de millones de euros en Europa.
Además, la medida ha sido criticada sobre todo por el corto plazo de adaptación a la misma, ya que implica la compra de nuevo material, cambios en limpieza y mantenimiento, posibles sobrecostes en envases de transición y una revisión de la carta y los precios.
Parte de las críticas a esta normativa consisten en una comparación con la medida que obligaba a que los tapones de botellas se encuentren adheridos a las mismas, la cual también ha generado ciertas molestias entre los consumidores.
De esta manera, la normativa se ampliará hasta enero del año 2030, y en febrero de 2032 la Comisión Europea evaluará el impacto de estas medidas y modificará la normativa según sea necesario.
