El incombustible Miguel Ríos ha vuelto a ser noticia estos días después de su paso por la televisión. El músico granadino ha estado el pasado domingo en Liarla Pardo, de La Sexta, y ha dejado un titular que lo ha puesto en el punto de mira de Twitter por haber sentenciado en una sola frase al Partido Popular y a Vox, a los que ha acusado del retorno del franquismo a nuestro país, una afirmación que le ha afeado José Manuel Soto.

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Ríos ha pedido que los programas electorales sean un contrato que los políticos tuviesen que cumplir: "Digan la verdad, coño. Sangre, sudor y lágrimas. Esto va a ser muy jodido y hay que estar preparado para esto. Lo que no pueden hacer es poner la zanahoria todo el tiempo, que no somos burros. Gente que se considera más grande que la puta vida, entonces todo lo demás le importa una mierda".

También ha advertido que "si no cambiamos de paradigma, nos vamos a la mierda, eso es seguro". Sin embargo, la sentencia de la polémica llegaba cuando la periodista Cristina Pardo le preguntaba si la democracia estaba en peligro en España: "La democracia no está en peligro; pero el franquismo ha vuelto. Representado en Vox, y en el PP también", ha dicho Miguel Ríos:

Tal y como marcan los cánones de Twitter cuando un personaje público muestra sus preferencias políticas, los contrarios a su criterio se deshacen en críticas e insultos. Por eso, Ríos ha recibido una lluvia de tomates en forma de tuits y uno de ellos ha sido más significativo que el resto: llegaba desde su tierra, Andalucía, y de un colega de profesión, José Manuel Soto.

A Soto, que ya le conocemos a la perfección su cojera del pie derecho, no ha resistido la tentación de asestarle un zasca al granadino, del que ha dicho que "no le fue nada mal en aquellos tiempos":

Por si el tema no había quedado muy claro, ha insistido Soto en otro tuit en que "Miguel es un artistazo, tiene una trayectoria espectacular, pero yo no lo recuerdo muy antifranquista o es que lo disimulaba muy bien":

José Manuel Soto no ha sido el único que ha resaltado ese punto de la carrera de Ríos que, por otra parte, tampoco habría tenido mucha más alternativa que pasar por el aro del régimen si quería ejercer su profesión en el país.