La fecha: 19 de julio de 1957. El lugar: algo más de 100 kilómetros al noroeste de Las Vegas. Cinco militares se arremolinan junto a un cartel que reza "Zona cero. Población: 5". A unos metros, un sexto hombre graba toda la escena. Miran al cielo en el momento que aparecen dos interceptores Northrop F-89 Scorpion y uno de ellos lanza un misil tipo Genie que recorrió cuatro kilómetros antes de explotar. 

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Entonces a 5.600 metros sobre sus cabezas, un destello de luz, un estruendo que hizo temblar el suelo y una extraña nube anaranjada que comenzaba a tomar forma de anillo. Una bomba de 1,5 kilotones -pequeña comparada con los 13 y 21 kilotones de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki 12 años antes-.

Esas cinco personas que miraban la situación sin más protección que unas gafas que les protegían del intenso brillo se habían presentado voluntarias para que una bomba nuclear estallase sobre ellos, en el que posiblemente sea uno de los momentos más surrealistas de la era nuclear.

Estos hombres eran el coronel Sidney Bruce, el teniente coronel Frank P. Ball, el mayor Norman Bodinger, el mayor John Hughes y el coronel Donald Lutrell. El que no se había presentado voluntario era el único que tenía algo que hacer en esta loca misión: el cámara, Akira George Yoshitake, que recibió la orden esa misma mañana de grabar toda la peripecia.

Un vídeo que se puede encontrar en los archivos de las Fuerzas Aéreas, con una extraña estética similar a un capítulo viejo de Star Trek. Los hombres, como recordando de golpe que están grabando propaganda, reaccionan como si estuvieran en una comedia cutre de la época.

¿La razón de todo esto? El Departamento de Defensa quería demostrar la seguridad de las pruebas nucleares, por contrapuestos que puedan parecer los términos "seguridad" y "ataque nuclear". La Guerra Fría estaba en su punto álgido y querían convencer a la población de que ver un ensayo desde la distancia era tan inocuo como ver una puesta de sol en la playa.

Para ello, se realizaron otras pruebas en los que hasta 18.000 soldados se situaron cerca de explosiones nucleares para ver cómo reaccionarían las tropas en caso de que hubiera detonaciones atómicas cerca de el campo de batalla. En otras, se usaron cerdos.

Cámaras grabando una prueba nuclear en el Nevada Test Site.

¿Qué fue de estas seis personas?

El medio NPR lo investigó en 2012, aunque no era tarea fácil. El coronel Bruce murió en 2005 a los 86 años y el teniente coronel Ball a los 83 años, en 2003. El resto fue más complicado. Encontraron a varios mayores John Hughes en la base de datos del ejército. El que encajaba más, nacido en 1919, murió en 1990 con 71 años. No encontraron a ningún Don Lutrell, pero sí a un Donald D. Luttrell que murió en 1987 a los 63 años. No encontraron a ningún Norman Bodinger, por lo que valoran la posibilidad de que siga vivo. Todos parecían haber tenido una vida larga.

El cámara Akira George Yoshitake murió el 17 de octubre de 2013 a los 83 años de forma súbita.  En 2010, participó de un reportaje de The New York Times sobre los cámaras que se dedicaban a grabar explosiones nucleares. Allí declaró que él es de los pocos que habían llegado a viejos: "Muchos de mis colegas están muertos, y, sin duda, está relacionado con las pruebas". La causa principal de muerte: el cáncer.

Exposición a la radiación del Nevada Test Site.

El 'Nevada Test Site' y el cáncer

La explosión fue lo suficientemente alta en la atmósfera como para que las partículas radioactivas viajasen cientos de kilómetros antes de caer, por lo que estar directamente debajo no era peligroso en el momento inmediato. Sin embargo, eso no quiere decir que las pruebas no tuvieran sus consecuencias.

En 1997 un informe del Instituto Nacional del Cáncer determinó que las 56 explosiones nucleares realizadas en Nevada entre 1952 y 1957 repartieron altos niveles de yodo-131 radiactivo por buena parte de EE. UU., apuntando que podrían ser la causa de entre 10.000 y 75.000 casos de cáncer de tiroides.

En 1992 se aprobó la Ley de Compensación por Exposición Radioactiva, que obligaba al gobierno a pagar 50.000 dólares a las personas que pudieran haberse visto expuestas a la radiación de las pruebas de Nevada, además de a los trabajadores de dichas pruebas -que tendrían derecho a 75.000 dólares- y a los mineros y transportistas encargados de manejar material peligroso -que podrían cobrar hasta 100.000 dólares-.

El 20 de abril de 2018 se habían aprobado un total de 34.372 reclamaciones, por lo que el total de las compensaciones ascendía a 2.243.205.380 dólares.

[Más información: 38 minutos y 500 bombas: así fue la guerra más corta de la Historia]