Una noche lluviosa de la Guerra Civil, en el Viso de los Pedroches, un grupo de soldados borrachos de los batallones africanos disparó sobre un grupo de prisioneros republicanos. Estaban borrachos, por lo que no todos dieron en el blanco. Todos cayeron fulminados, menos uno que se hizo el muerto. Por la mañana, cuando los soldados se marcharon, uno de ellos se levantó, buscó entre los cuerpos y encontró a un compañero vivo, el cabo Villegas. Le hizo un torniquete y se lo llevó a cuestas en su huida. 

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"Nos fusilaron al anochecer; nos fusilaron mal", escribió. Ese muerto farsante se llamaba Miguel Gila y relató este episodio en su autobiografía Y entonces nací yo, publicada en 1995, aunque hay quien pone en duda que esto sucediese. Pero lo cierto es que solo una persona que ha vivido en sus carnes los horrores de la guerra puede ridiculizarla como él hacía. “La vida toda es un chiste. Nacer, morir.....¡Menuda broma!”, decía.

"¿Está el enemigo? que se ponga"

Gila nació, ya huérfano de padre, el 12 de marzo de 1919 en el distrito de Tetuán en Madrid aunque se crio en Chamberí. Con 13 años dejó los estudios y trabajó como empaquetador de chocolate o pintor de coches. Cuando comenzó la Guerra Civil, Gila, que estaba afiliado a las Juventudes Socialistas, mintió sobre su edad y se alistó como voluntario. Después de su fallido fusilamiento cayó prisionero de nuevo, acabando en la cárcel de Torrijos donde coincidió con el poeta Miguel Hernández

Tras cumplir cuatro años de servicio militar comenzó su carrera como humorista en una revista universitaria salmantina llamada Trabajos y días, y más tarde daría el salto a las míticas La codorniz y Hermano Lobo. Su éxito en los escenarios comenzó en 1951, cuando se estrenó en el teatro de Fontalba con un monólogo improvisado sobre su experiencia en la guerra. Según él, "el humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño".

"Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí"

En 1962 se marchó a Buenos Aires, donde formó una compañía de teatro y más tarde, en México, fundaría una revista satírica, además de realizar numerosas giras por todo el continente. No sería hasta 1985 cuando volvería a España, donde su casco y su teléfono le convertirían en todo un icono nacional.

Gila llevó a la máxima expresión la frase de Woody Allen que dice que "la comedia es drama más distancia", convirtiendo la tragedia máxima, la guerra, en un gag -un tipo de humor que tal vez hoy no se podría hacer-. Cogió sus traumas, los miró a la cara y se mofó de ellos. Por suerte para los demás, todos pudimos ver cómo se tronchaba.

Murió en Barcelona en 2001 por una insuficiencia respiratoria, pero no sin antes detener a Jack el Destripador con indirectas:

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