El pasado sábado 22 de abril el ciclista Michele Scarponi fallecía a los 37 años tras ser arrollado por una furgoneta cerca de su casa en Filottrano, al noreste de Italia. Su caso, además de estremecer a los aficionados al ciclismo de todo el mundo, ponía de manifiesto una vez más la cruda realidad de quienes practican este deporte: su vulnerabilidad ante las imprudencias o infracciones de los conductores.

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Tras conocer la noticia Paula González, una aficionada al ciclismo habituada a lidiar a diario con este tipo de situaciones, se sentó frente al ordenador y comenzó a escribir "dejándose llevar por la emoción". El resultado es un post de Facebook que ha sido compartido desde entonces por más de 4.000 personas y con el que, según explica González a EL ESPAÑOL en una conversación telefónica, "quería hacer visible, en un mundo dominado por la falta de civismo y humanidad, que encima de una bicicleta va una persona. No es una máquina que se mueve sola, sino que somos personas que queremos volver a casa".

Para ilustrar el texto González eligió una imagen de la mujer de Scarponi, Anna Tommasi, en el lugar del accidente publicada por el medio italiano Il Resto del Carlino. Una fotografía por la que pide disculpas, pero que utilizó, señala, "para que el mensaje trascendiese más allá de los círculos ciclistas y llegase cuanto más gente mejor, especialmente a los conductores, que es donde más hincapié hay que hacer".

Esta es la carta íntegra compartida en Facebook utilizando los hashtags #BastaYa y #Respetael150 (puedes continuar leyendo la entrevista a su autora a continuación).

La mujer que veis arrodillada es Anna Tommasi, VIUDA de Michele Scarponi.

No hay, ABSOLUTAMENTE NADA EN ESTE MUNDO que justifique que un ser humano acabe con la vida de otro. NADA.

Ni tus prisas, ni tus años de carnet, ni tu desconocimiento del código de circulación, ni tus supuestos derechos como usuario o usuaria de un vehículo a motor. Menos aún, que vayas bebido, que no estés atento, que tengas tus reflejos mermados por la edad, el cansancio o las drogas.

Encima de una bicicleta, va una persona.

Y, ¿sabes?, podría ser tu padre, tu hermano, tu sobrino, tu novia, tu esposa, tu madre, tu hija, tu mejor amiga, tu nuevo compañero de trabajo, la futura descubridora del remedio a esa enfermedad que se te llevará por delante o, sencillamente, esa persona que comparte contigo el concierto que llevabas tanto tiempo esperando disfrutar.

Me pregunto cuántos de los deportistas que practican el paddle, el golf, el fútbol, la natación, el tiro con arco, la halterofilia, el bádminton, la hípica, etcétera, etcétera, etcétera, salen o van a entrenar con la sensación, aunque sea durante milésimas de segundo, de que por culpa de un ataque de testosterona ajeno o por un permiso que debería haber sido retirado hace tiempo, puede que ya no vuelvan a casa.

Y no, no me vale lo de "Él se lo ha buscado".

No soy de usar este tipo de imágenes, me parecen grotescas y fuera de lugar pero, como lo que se lleva es el morbo y lo escatológico, por una vez, la utilizo con el fin de que, si cabe la posibilidad, te preguntes si te gustaría verte en la misma situación que ella porque un desaprensivo puso sus prisas y los no sé cuántos caballos de potencia de su vehículo a motor por encima de lo más valioso del mundo: UNA VIDA".  

González, de 44 años, reside en Madrid y se ha dedicado durante los últimos cinco años a trabajar como gestora de viajes en bicicleta. Aunque ahora está en el paro conoce de primera mano los incidentes que se producen entre ciclistas y conductores en vías de ciudad y en carretera. "Aunque casos como el de Scarponi tienen más repercusión en los medios, lamentablemente los accidentes son constantes. Ayer mismo, por ejemplo, hubo otro accidente mortal en Granada", explica González por teléfono. "Algunos accidentes se producen por imprudencias de los conductores en las que no existe mala intención, pero sí es cierto que las actitudes chulescas y prepotentes siguen siendo una realidad entre los conductores. Y sigue habiendo muchísima desinformación". 

Quienes utilizan la bicicleta en sus desplazamientos a diario o los aficionados que salen a pedalear en su tiempo libre, llevan tiempo denunciando que se sienten indefensos y desprotegidos ante los vehículos a motor. Una de las campañas más populares en los últimos meses es la que hace hincapié, a través del lema #RespetaAlCiclista, en la distancia de seguridad que el código de circulación establece como mínima en los adelantamientos.

"La norma del metro y medio es algo relativamente nuevo de lo que muchos conductores no están al tanto", explica González. La formación y la visibilización serían, para ella, pilares básicos que ayudarían a reducir los accidentes: desde los cursos de Educación Vial impartidos a los menores, hasta un incremento de las campañas de organismos públicos como la DGT, pasando por la autocrítica de los propios ciclistas. 

"También estaría bien revisar ciertos aspectos de las condenas a los infractores", recuerda González. "Ya se ha realizado, por ejemplo, a través de una petición en la plataforma Change.org en la que Ana González -que perdió a su marido en un accidente- pedía cambiar la legislación para que las muertes de este tipo tengan categoría de delito".