Lo que empezó con una cena en un pequeño restaurante del norte de Italia terminó convirtiéndose en un proyecto gastronómico en Sevilla: Sestogusto.
Detrás de la llegada de Massimiliano Prete, 'Maestro de la Pizza' según Forbes Italia este 2026, hay una familia sevillana, dedicada al cultivo y la exportación de frutos rojos por todo el mundo, que quedó fascinada con su cocina y se empeñó en convencerlo para que cruzara la frontera.
La historia comenzó en Saluzzo, una localidad de la provincia de Cuneo, en el norte de Italia. Continuó entre viajes y encuentros alrededor de una mesa y, finalmente, tomó forma en Sestogusto, el restaurante con el que el maestro pizzero ha estrenado su primera aventura fuera de su país.
La primera vez que los caminos de Prete y Andrés Morales se cruzaron no había ningún plan empresarial sobre la mesa. Tampoco una negociación para abrir un restaurante a miles de kilómetros.
"Fue todo por casualidad", recuerda Prete, en una entrevista con EL ESPAÑOL de Sevilla en la misma semana en la que ha protagonizado en el restaurante un mano a mano inédito entre Francesco Martucci, número 1 del mundo según The Best Pizza Awards.
Andrés Morales, hoy su socio, había viajado por motivos profesionales a la localidad en la que vivía el italiano y tras la cena el flechazo gastronómico fue inmediato.
"Hubo un largo cortejo por parte de Andrés que duró varios años", explica el propio cocinero. El objetivo era trasladar a España una propuesta gastronómica que se alejaba de la imagen más convencional de la pizza.
Beatriz Morales, hija de Andrés Morales, recuerda especialmente el impacto visual y sensorial de aquella primera experiencia.
"Antes incluso de probar la comida, el producto ya llamaba la atención por sus colores y su presentación", declara a este periódico. Después llegaban los aromas y la imagen de los comensales disfrutando de lo que tenían delante.
Pero Andrés no quería que aquella experiencia quedara reducida a una cena memorable durante sus viajes a Italia. Quería que otras personas pudieran descubrirla.
Lo que vino después fue una sucesión de visitas, conversaciones y esfuerzos para convencer a Prete de trasladar su talento a la capital hispalense.
"Mi padre consiguió convencerle de traer la propuesta a Sevilla", resume Beatriz. Entre aquella primera cena y la apertura del restaurante sevillano transcurrieron varios años.
Durante ese tiempo, la familia siguió viajando a Italia y pudo observar cómo el proyecto de Prete evolucionaba y ganaba reconocimiento.
El cocinero no se quedó anclado en Saluzzo. Su trayectoria fue creciendo y su propuesta se extendió a otros establecimientos, entre ellos los de Turín. Para los Morales, que habían descubierto su cocina cuando su nombre empezaba a abrirse camino, cada nuevo paso confirmaba que su apuesta tenía sentido.
La inconformidad
Para comprender por qué aquella cena dejó semejante huella, hay que viajar bastante más atrás, hasta los orígenes de Prete.
Su relación con la cocina comenzó en Puglia, en el sur de Italia, cuando tenía 15 años. Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por una búsqueda constante que lo ha llevado a especializarse en las masas y a convertir la pizza en un producto en el que cada elemento tiene su razón de ser.
Su camino, sin embargo, no nació de una aceptación inmediata de la manera tradicional de hacer las cosas. Al contrario, fue la incomodidad con los métodos que encontró al empezar su carrera la que terminó empujándolo a investigar.
"Cuando empecé, en los años 90, el método de hacer pizza era un método con el que no me identificaba", explica a EL ESPAÑOL.
No conseguía integrarse en aquella mentalidad de elaboración porque consideraba que el resultado era "de baja calidad". Aquella insatisfacción, lejos de apartarlo de los fogones, se convirtió en el motor de su evolución.
"Si hoy he logrado hacer lo que hago es gracias a esa inconformidad", afirma. La necesidad de encontrar otra manera de trabajar lo llevó a estudiar en profundidad la materia, investigar las masas y explorar nuevas combinaciones de ingredientes.
Esa inquietud explica buena parte de su propuesta actual. Prete ha construido su identidad profesional alrededor del estudio de las masas y de los procesos de fermentación, hasta convertirse en un maestro de la pizza que entiende su oficio como una combinación de conocimiento técnico, investigación y creatividad.
Sevilla, la primera parada fuera de Italia
Finalmente, la insistencia dio sus frutos. Sestogusto abrió sus puertas en Sevilla en octubre de 2025, con el respaldo de una familia que llevaba años intentando hacer realidad aquella idea.
Para Prete, el salto tenía un significado especial. Sevilla se convertía así en el punto de partida de una etapa diferente. "Para mí es un motivo de orgullo estar aquí en España. Es mi primera actividad fuera de Italia", asegura.
La inauguración contó, además, con un padrino de excepción: el chef español Albert Adrià, hermano de Ferran Adrià y una figura reconocida internacionalmente en el ámbito gastronómico. Prete recuerda aquella cita como "una especie de bautismo".
Chorizo con anchoas
Si hay una elaboración que permite entender esa mezcla de tradición y búsqueda personal es una de las pizzas que Prete preparaba antes de llegar a España.
Preguntado por su favorita, el maestro pizzero no duda en mencionar una combinación que reúne dos ingredientes de sabor intenso: chorizo y anchoas del mar Cantábrico.
"Es una de las pizzas más sabrosas que hago", explica. La elección encaja con la filosofía de un cocinero que lleva décadas investigando cómo se comportan las masas y cómo se relacionan los ingredientes entre sí.
En su caso, el trabajo comienza mucho antes de que la pizza llegue a la mesa, en el estudio de la masa y en el cuidado del producto. La combinación final es el resultado de esa búsqueda, la misma que nació de su inconformidad cuando empezó a trabajar en los años noventa.
Su llegada a Sevilla reúne, por tanto, dos historias que terminaron encontrándose alrededor de una mesa. Y, por descontado, una bonita amistad.
