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Según el Instituto de Estudios Económicos, España es el tercer país de la Unión Europea con mayor presión fiscal y peso de las cotizaciones sobre pymes y autónomos. Para entender este dato, hay que saber que el 48,8% de los ingresos fiscales totales de la nación provienen de las empresas.

Alberto es uno de todos estos empresarios que dedican la mitad o más de las ganancias de su empresa a pagar impuestos. Alberto comenta: "A veces parece que el empresario se queda con todo, pero antes de que un trabajador vea su nómina, hay muchísimos costes que tiene que asumir la empresa".

Alberto relaciona el no poder subirle el salario a sus trabajadores con el esfuerzo económico que tiene que asumir para abonar todas las tasas: "Yo no tengo ningún problema en que mis trabajadores ganen más. Al contrario, quiero que estén bien pagados, pero la empresa tiene que poder asumirlo".

Los expertos han calculado que las empresas pequeñas dedican el 49,67% de sus resultados brutos a cumplir sus obligaciones tributarias, las medianas pagan el 51% y las grandes, el 61,5%.

Alberto es parte de estas pymes que pagan entre el 49 y el 51 por ciento. Parte de esos costes son el salario y la seguridad social, la cual cuesta un 33% adicional sobre su salario bruto mensual.

Alberto no ve factible que contratar una persona sea más costoso que pagarle: "Si contratar a una persona me cuesta mucho más de lo que esa persona recibe en su nómina, algo estamos haciendo mal".

También ve como algo negativo la subida de costes, ya que en los últimos ocho años han subido los impuestos más de 140 veces, suponiendo un aumento de 1.600 euros anuales en los hogares de España.

"Cuando suben los costes laborales, no siempre puedo trasladarlo al precio del servicio. Mis clientes también tienen un límite".

Asegura que él tiene la intención de subirle el sueldo a los trabajadores, pero la diferencia monetaria entre subirle el salario al empleado y el coste que asume la empresa es demasiado grande: "Yo puedo querer subirle el sueldo a un trabajador 200 euros, pero esos 200 euros no son 200 euros para la empresa. El coste real es bastante mayor".

Admite que lo último que quiere es perjudicar a los asalariados cuando tiene que ver dónde recortar: "Cada vez que hay una subida de costes, lo primero que hago es echar cuentas para ver de dónde puedo sacar el dinero sin tocar la plantilla".

Hay momentos en los que ve cómo han ido evolucionando la carga fiscal a las empresas y teme del futuro: "Lo que más me preocupa es que llegue un momento en que contratar a una persona sea tan caro que te lo pienses dos veces antes de hacerlo".

Este año se ha llegado a una cifra récord en afiliaciones a la seguridad social. De momento, se encuentra en los 22,4 millones de miembros. Esto contrasta con los 143.367 despidos que hubo en el último año.

Pero, pese a ese dato positivo en afiliados, no siempre significa que las empresas vayan bien: "El problema es que al pequeño empresario se le exige como si tuviera los márgenes de una multinacional y no es así".

Alberto dice que, al no tener una gran producción detrás, si los números no cuadran, no tiene muchas opciones para recompensar la bajada: "Nosotros no tenemos una fábrica detrás ni un fondo de inversión. Si los números no salen, salen de mi bolsillo".

Según el Instituto Nacional de Estadística, el coste laboral medio por trabajador en España ha subido un cuatro por ciento en el segundo trimestre de 2026, situándose en 3.388 euros al mes.

Al ser una pequeña empresa, el esfuerzo para pagar los salarios y los consecuentes impuestos hace que el esfuerzo sea mayor y el margen de beneficio más pequeño: "Una empresa pequeña tiene que mirar cada gasto dos veces. No puedes permitirte que los costes se disparen todos los años".

Si le dan a elegir entre pagar más impuestos o que el dinero se quede en el negocio, él lo tiene claro: "Yo prefiero que el dinero se quede en la empresa para poder contratar, invertir y pagar mejor a mis trabajadores antes que tener que destinarlo a cubrir una subida de costes".

Igualmente, no cree que los impuestos sean un cobro negativo: "No pido que me quiten los impuestos, pido que no se castigue al que quiere contratar y crecer".

España recaudó 42.266 millones de euros por el impuesto sobre sociedades en 2025, suponiendo un incremento del 8,1% respecto al ejercicio anterior.

Con este dato, sabiendo el porcentaje que destina cada organización a pagar los impuestos, se puede imaginar lo que significa que una empresa española consiga mantener el negocio de buena manera.

Alberto cuenta: "Si tuviera más margen, invertiría más en máquinas nuevas y también podría mejorar las condiciones de mis empleados".

Este hombre no es solo empresario, también es padre de familia; él mismo ve cómo las personas a las que contrata son igual que él y no lo olvida: "Hay que entender que detrás de una empresa pequeña también hay familias, trabajadores y proveedores".