Sevilla, hace un tiempo, era un mundo muy diferente. Antes del COVID, lo normal era cenar y quedarte en el mismo bar tomándote copas hasta las dos de la mañana, pero, tras aquella pandemia que nos cambió la vida a todos, pocos sitios quedan para poder repetir ese plan.
Tiempo antes de que el coronavirus invadiese las calles de todo el globo terráqueo, los bares cerraban entre las 02:00 y las 02:30 de la mañana, y los días festivos y fines de semana tenían las 03:00 como tope horario para permanecer abiertos.
Tras la terrible epidemia, el horario de los comercios locales se vio obligado a cambiar debido a las restricciones.
Uno de todos esos locales que cambiaron su horario fue el Bar Macarena. Este establecimiento, situada en la calle Macarena, hace esquina y tiene unas vistas privilegiadas: enfrente, la Basílica de la Macarena y, a su vez, los jardines del Parlamento andaluz.
Esta cantina tuvo que recortar horarios debido a aquel trágico momento que tanto sufrimiento trajo.
Juanlu Mellado, dueño actual del bar, comenta que las restricciones de la pandemia le ayudaron a entender un poco el negocio.
El Bar Macarena ha sido un negocio familiar durante mucho tiempo, pero la pérdida de su padre y la jubilación de su madre hicieron que Juanlu se volviese el nuevo dueño del local.
Este explica que, cuando trabajaba con su familia, los horarios no importaban. Todo el beneficio que se sacaba en el bar iba para su casa, pero, tras coger las riendas de la empresa, comenzó a contratar personas de fuera.
Juanlu afirma: "Abres la cocina a las 12 del mediodía y tú más o menos dices que la cocina cierra a las 4. Pero, claro, llegaba una reunión, que no sé qué, que no sé cuánto, pues le das de comer y, al final, cierras la cocina a las cinco de la tarde".
Además, cuenta que, al ser familia, no tenía ningún problema, pero, al contratar personas de fuera, la situación cambia.
Durante las restricciones tuvieron que comenzar a cerrar a las 23:30. A día de hoy, ese horario se ha mantenido. Juanlu agradece el cambio de itinerario, ya que comenta: "No estaba bien con ellos. Porque quería exigirles lo mismo que hacía yo con mi padre, lo cual entendí rápido que no es lo mismo".
También explica que, con el cambio de agenda, la clientela empezó a moldearse a esa situación y, para el equipo, fue fácil adaptarse. Dice que el horario es mucho mejor, ya que ahora cierra el bar a las 23:30, mantiene contentos a sus trabajadores y él tiene mucho más vida.
Explica que todavía hay gente a la que le gusta sentarse relajado hasta las dos de la mañana en la terraza, pero que él ya no tiene ese tipo de negocio: "Mi negocio no es así y es lo que intento enseñarle a mi clientela".
