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El Hospital Virgen del Rocío ha activado el 'super protocolo' por enfermedades infecciosas un total de cuatro veces, tres de ellas por posible caso de fiebre hemorrágica Crimea-Congo y una por Ébola.

La última de todas fue, sin ir más lejos, el pasado martes.

La sospecha de que un hombre de 44 años y natural de Italia podría haber contraído fiebre hemorrágica Crimea-Congo -enfermedad que se contrae por la picadura de una garrapata- hizo saltar todas las alarmas.

El varón acababa de llegar de un viaje a Zambia y había hecho un par de escalas -una de ellas en Barcelona- hasta aterrizar en la hispalense para visitar a unos familiares.

Una vez en la provincia, el hombre acudió al hospital Virgen Macarena con síntomas que hacían presagiar lo peor: tenía fiebre, náuseas y diarrea con sangre.

Inmediatamente, y tras conocer la procedencia del varón, los sanitarios activaron el protocolo pertinente.

El primer paso era aislar al paciente en una de las salas de espera del centro hospitalario. Si por casualidad había contraído el virus, estar pululando por Sevilla conlleva un riesgo alto.

Posteriormente se avisó a las autoridades, quienes transportaron al hombre al Virgen del Rocío en ambulancia. El motivo es que este centro es uno de los españoles de referencia para este tipo de situaciones y cuenta con personal especializado e instalaciones habilitadas.

La evacuación no fue como cualquier otra. Más bien fue como las que salen en las películas.

El enfermo recorrió el trayecto dentro de una cápsula y en la ambulancia había también sanitarios ataviados con EPI -los mismos trajes que tomaron tanto protagonismo durante la pandemia del Covid-19-.

Una vez en el centro hospitalario, ingresó en la Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN).

Allí, después de una primera PCR y que el Centro Nacional de Microbiología lo confirmara, se descartó que tuviese el virus y todo el mundo respiró aliviado.

Todos los casos

Según fuentes hospitalarias, este dispositivo especial se ha activado cuatro veces en toda la historia del hospital, confirmándose solo una de las sospechas.

La primera de ellas fue en 2015. En enero de este año ingresó una mujer sospechosa de Ébola.

La misma había estado realizando labores sanitarias en un país africano y a su llegada presentó síntomas compatibles con la enfermedad.

Desde su vuelta, y tal y como establece el protocolo de actuación, se sometió a controles diarios de temperatura y a un seguimiento por parte del Servicio de Epidemiología de la Delegación Territorial de Igualdad, Salud y Políticas Sociales.

Después de hacerle las pruebas pertinentes, se descartó el positivo.

En agosto de 2019 se registró otro posible caso de virus Crimea-Congo.

Esta vez fue una mujer de 74 años vecina del municipio cordobés de Peñarroya. La misma había sido trasladada con fiebre desde el Hospital de Valle de los Pedroches de Pozoblanco.

La primera hipótesis apuntaba a que la enfermedad se la hubiese contagiado su marido, un septuagenario al que le había picado una garrapata.

Finalmente, las pruebas descartaron el caso.

En 2024 llegó el único positivo que hasta ahora, y por suerte, se ha confirmado en el centro hispalense.

Se trató de un sevillano de 46 años al que ingresaron siguiendo el mismo estricto protocolo que en todas las situaciones anteriores.

Sin embargo, la diferencia fue que en esta ocasión los análisis confirmaron el diagnóstico: positivo en virus de fiebre hemorrágica Crimea-Congo.

Tras días ingresado, el varón fue dado de alta en buen estado de salud.

Sobre el virus de Crimea-Congo

La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo es una enfermedad infecciosa causada por un virus que se transmite principalmente mediante la picadura de una garrapata infectada, siendo las del género Hyalomma las más eficientes como vectores.

También puede transmitirse por el contacto con la sangre o los tejidos de ganado infectado. La transmisión de persona a persona no es frecuente y requiere un contacto directo con la sangre, fluidos o secreciones de pacientes sintomáticos.

Los síntomas más habituales son fiebre de aparición brusca, dolor de cabeza, dolores musculares y mareos, y suelen durar entre cuatro y cinco días.

Además pueden aparecer diarrea, náuseas, vómitos, enrojecimiento de la cara, el cuello o el tórax, congestión ocular y conjuntivitis.

El periodo de incubación varía según la vía de transmisión y la cantidad de virus a la que haya estado expuesta la persona.

Cuando la infección se produce por la picadura de una garrapata, la incubación suele durar entre uno y tres días, aunque puede prolongarse hasta nueve. En cambio, tras el contacto con sangre o tejidos infectados, normalmente dura entre cinco y seis días, con un máximo documentado de 13 días.