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"¿Esto quién nos lo paga?". Esta es la pregunta que se hacen los comerciantes de Las Setas de Sevilla, donde decenas de ciudadanos llevan acampadas durante hace ya más de tres semanas para protestar por la situación de la vivienda en España.

El desahucio de la anciana Maricarmen motivó a miles de personas a plantar sus tiendas de campaña en algunas de las plazas más famosas del país, entre ellas la plaza de la Encarnación, en la capital hispalense.

Este martes se cumplen 22 días del inicio del asentamiento y los negocios de la zona dicen estar "hartos" de la situación.

Noel García, uno de los manifestantes que permanece en la protesta, explicó el pasado lunes a este medio que se había "acotado el perímetro de la acampada para no molestar a los comercios". "Lo que menos queremos es perjudicar a la clase trabajadora", defendió. Sin embargo, esto parece no ser suficiente para la mayoría de los empleados.

Raúl (nombre ficticio porque prefiere que su identidad y puesto de trabajo sigan siendo desconocidos) afea a los acampados que "para defender una causa social como es el derecho a la vivienda, se esté perjudicando a los trabajadores".

Imagen de la acampada de Las Setas. E.E.

Según cuenta, desde que comenzó la protesta el pasado 28 de septiembre, "las ventas han disminuido". El sevillano está enfadado y no lo esconde: "No quiero decir nada. Mírame la cara y saca tus propias conclusiones", zanja visiblemente indignado.

Reyes es otra de las afectadas por el asentamiento. Trabaja por las mañanas en una pequeña tienda de Las Setas y va en la misma línea que su 'vecino'.

"Al menos cuando yo estoy, no entra nadie porque con las tiendas de campaña la gente ni se da cuenta de que estamos aquí. No nos ven", explica. Esto es así pese a que el número de carpas ha ido disminuyendo con el paso de los días; al principio se instalaron alrededor de un centenar de ellas y ahora se encuentran unas 50.

Esta sevillana asegura que los ciudadanos que protestan por la situación de la vivienda en España "no dan ningún problema". "Las cosas están tranquilas", aclara. Sin embargo, apunta a los "olores" que hay por las bocacalles aledañas.

Según relata, las calles que desembocan en Las Setas "siempre han sido zonas complicadas" porque hay ciudadanos que van a hacer sus necesidades en ellas; la mayoría de ellos personas sin hogar. No obstante, ahora "hay gente de la acampada que también va".

Esta situación, según confirman fuentes municipales, ha obligado al Ayuntamiento de Sevilla ha "reforzar la limpieza en el entorno".

Bares y restaurantes

Los bares y restaurantes de la plaza de la Encarnación están siendo los más perjudicados.

Ámbar trabaja como camarera en uno de los establecimientos ubicados justo enfrente del grupo de tiendas y asegura que "hay quienes se sientan en el bar, se quedan mirando y preguntan qué es lo que pasa y cuándo piensan parar". Una cuestión que, al menos por ahora, no tiene respuesta.

Las vistas desde las terrazas y los olores no son las únicas consecuencias que deja esta protesta. La empleada menciona también el hecho de que "muchos de los manifestantes entren constantemente en el bar para usar el baño".

A pesar de que "la mayoría de las veces no hay inconvenientes" confiesa que "ha habido ocasiones en las que los trabajadores se han tenido que poner en la entrada del restaurante para impedir el paso".

Imagen de la acampada de Las Setas. E.E.

Sin fecha de fin

La acampada de Las Setas lleva ya 22 días y por ahora no está previsto que vaya a desaparecer.

Los portavoces de la movilización anunciaron el pasado lunes su intención de seguir hasta, al menos, la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre, un paro laboral que, tal y como indicaron, secundarán.

Rebeca, una de las voces del asentamiento, declaró durante una convocatoria con medios de comunicación que la idea es retirarse "cuando haya mejorado la situación de la vivienda en España". Además, la joven criticó que un Congreso de los Diputados "desconectado de la sociedad" tumbara el "modesto 'decreto Maricarmen'".

Al hilo de esto, la Asamblea de la acampada ha redactado un manifiesto que recoge una serie de "medidas mínimas" y que incluye, entre otros puntos, "la prórroga automática indefinida de los alquileres y la congelación de las etiquetas", "el ajuste de los precios de las viviendas en alquiler vinculándolo al SMI, contemplando planes de ajuste para los contratos existentes" y "la prohibición automática de cualquier desahucio por motivos económicos o de vulnerabilidad comprobados así como la ilegalización de las empresas de desokupación".

El escrito está compuesto también por la propuesta del "fin de los contratos de alquiler precarios para proteger el alquiler de temporada" y la "prohibición de reconvertir la vivienda en hotel o de uso turístico".