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Teledyne Vision Solutions diseña en Sevilla los chips y sensores con los que miran el mundo satélites, microscopios, máquinas industriales… Y factura más de 3.000 millones de euros al año.

Bajo el liderazgo de Rafael Romay, del parque tecnológico ubicado en La Cartuja salen cada año más de 100.000 microchips para dispositivos que exploran los secretos del Universo y los del ADN humano.

Aunque Romay ríe si le preguntan cuánto vende en España. En más de un cuarto de siglo, primero con Anafocus -spinoff de la Universidad de Sevilla- después en el grupo británico e2v que la compró por 34 millones, y ahora con la multinacional Teledyne que adquirió e2v por 800, nunca ha entregado un chip en España.

“No hay fabricantes nacionales para los dispositivos que nosotros producimos”, resumía hace unos días en un evento tecnológico en Sevilla.

Su empresa suministra cámaras y sensores de imagen digital de vanguardia para inspección de semiconductores, automatización industrial, atención sanitaria, ciencias de la vida, medio ambiente, astronomía, observación de la Tierra y defensa.

Para explicar por qué una multinacional japonesa de semiconductores tiene la base de su división óptica en Sevilla hay que remontarse hasta finales de los años 90.

Los profesores de la USA y del CSIC Ángel Rodríguez Vázquez, Fernando Medeiro, Rafael Domínguez Castro y Servando Espejo tenían la propiedad intelectual de importantes avances en sensores de procesamiento de imagen.

Pero nadie explotaba ese conocimiento comercialmente. Así que montaron ellos mismos una empresa. Innovaciones Microelectrónicas S.L..

Los profesores se encontraron además con un problema: lo suyo era la Academia, no la empresa. Ahí es donde Rafael Romay entra en la historia.

Carpinteros en la Macarena, cigarreros en Triana

Romay, de familia de carpinteros de la Macarena por parte de padre y de cigarreras de Triana por la rama materna, había estudiado ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad de Sevilla.

Le tentó hacer carrera en la Universidad, pero a finales de los 90 las posibilidades laborales para un ingeniero eran tantas que se decantó por la empresa. Primero probó fortuna en Madrid, luego en Telvent (Abengoa) y acabó regresando a Sevilla.

A ese joven Rafael Romay acudieron los profesores metidos a empresarios. Necesitaban un empleado. Y él fue cofundador y el primer trabajador de la evolución de Innovaciones Microelectrónicas, Anafocus de nombre comercial.

El problema en los inicios fue que ofrecía soluciones demasiado avanzadas para la época. Sus innovaciones microelectrónicas estaban dos o tres pasos por delante de lo que necesitaban las empresas. Y hubo que adaptarse.

Como en España no había fabricantes de cámaras y dispositivos tan avanzados como los que diseñaba la empresa, Romay dirigió su estrategia comercial hacia el exterior.

El foco estaba puesto especialmente en Japón y Estados Unidos. Y allí la empresa logró sus primeros contratos. En 2011, el 97% de su facturación procedía de Japón, con clientes como JAI, Toshiba y Texas Instruments Japan.

En septiembre de 2014, la firma británica e2v adquirió la totalidad de Anafocus por 34 millones. En marzo de 2017, la multinacional norteamericana Teledyne Technologies absorbió el grupo e2v por unos 800 millones de dólares.

Tras la integración, el centro de Sevilla mantuvo sus capacidades de diseño y dirección ejecutiva. La nueva estructura unificó las operaciones de ingeniería de Sevilla y Grenoble (Francia) bajo la presidencia de Rafael Romay.

Del cielo al ADN

Y de Sevilla, al cielo.

A finales de agosto pasado, Teledyne superó el hito de los 1.000 sensores de imagen científicos operando en el espacio tras el despegue del Telescopio Espacial Nancy Grace Roman de la NASA a bordo de un cohete Falcon Heavy.

Todas las agencias espaciales (NASA, ESA, JAXA) y observatorios terrestres de cierto nivel usan su tecnología.

"2Cualquier satélite, NASA o ESA o cualquier otra agencia, no importa el espectro de imagen, el espectro visual o el infrarrojo, todos usan nuestros sensores. O sea que prácticamente todos", dice Romay.

Una tecnología que también está en sensores en cámaras de alta velocidad e inspección automatizada en procesos de manufactura, aparatos de oftalmología y laboratorio.

Y ahora está desarrollando sensores orientados al equipamiento de secuenciación automática de ADN con apoyo de 3 millones de euros del PERTE Chip.

De galaxias lejanas a las moléculas elementales de la vida. Todo se ve a través de los chips que diseña en Sevilla un equipo de 150 científicos.

Teledyne Vision Solutions tiene además de en Sevilla otras sedes en Europa (Grenoble, Francia) y otros países. En total, 1.700 empleados a nivel global bajo la dirección de Romay

Aunque el centro de diseño y decisión principal está en el antiguo Pabellón de Italia de la Expo 92, la división dirige globalmente la fabricación de alrededor de 2 millones de chips anuales para aplicaciones industriales y científicas.

En Sevilla son responsables del testeo y salida de aproximadamente 100.000 unidades anuales, de muy alta complejidad.

"En todo el mundo hay tres o cuatro lugares con capacidades para hacer este tipo de trabajo", explica Romay.

Proceso industrial

Un trabajo que supone el desarrollo exhaustivo desde la fase de diseño hasta el control de calidad final.

Rafael Romay explica el proceso: un equipo de ingenieros y doctores en Sevilla diseña la arquitectura lógica, la disposición física del chip, el hardware, el software de lectura, los algoritmos de procesamiento y el encapsulado.

Como el coste de la fabricación de las obleas con los chips es elevado, la producción se subcontrata a fabricantes especializados.

Las obleas con los chips se reciben en el centro de Sevilla y se introducen en una sala blanca certificada. Allí se evalúa para identificar los chips funcionales y descartar los defectuosos.

Las obleas verificadas se envían a plantas especializadas en ensamblado, donde se cortan en chips individuales y se montan en cápsulas cerámicas dotadas de una ventana de cristal de alta transparencia.

Las cápsulas regresan a Sevilla, donde se someten a una segunda ronda de pruebas de caracterización electromagnética y óptica.

Los sensores verificados se etiquetan individualmente y se distribuyen al cliente final, o se integran en dispositivos en la fábrica de la compañía en Francia.

La compañía ha logrado una posición dominante en el mercado en chips que se usan para sistemas de visión en satélites.

En oftalmología e inspección de semiconductores también ostenta una posición muy fuerte, con el 60% y el 70% del mercado global.

En inspección industrial mantiene entre un 10% y un 15%, y en logística algo menos.

Y desde Sevilla afronta los nuevos retos para el sector. Que pasan, como en todos los sectores, por la IA. Con una paradoja.

"La IA requiere más fabricación de chips, y nosotros (el grupo Teledyne) tenemos fábrica para hacer esos chips. Pero por otra parte, es un freno. La IA fabrica sus chips en las mismas fábricas que nosotros, y a las fábricas les gustan los chips de la IA”, resume.

Otro de los retos principales es el de la mano de obra. En un sector de altísima especialización y cualificación no es un problema menor.

Andalucía se prepara además para la llegada de otro actor relevante en el mundo de los semiconductores: IMEC prepara ya la apertura en Málaga de su primer centro europeo fuera de Lovaina.

Una oportunidad para establecer sinergias, pero también un competidor a la hora de captar talento.

Romay explica que en este segmento del mercado se compite a nivel global con otras regiones en esa guerra por el talento. Y que él mismo es un ejemplo de que Andalucía puede competir con Silicon Valley (California) en calidad de vida y atractivos.