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Santiago Cotes desprende energía, optimismo e ilusión. De ahí que el Cartuja Center CITE se esté convirtiendo en uno de los espacios por excelencia del ocio sevillano. El jefe de programación de este enclave tiene claro cuál es el motivo, y es que se le llena la boca cuando habla del equipo humano que se esconde entre bambalinas.

El recinto encara una nueva temporada cargado de grandes artistas y todo tipo de espectáculos. SFDK, Lia Kali, Chambao, Estrella Morente, Sara Baras, Astola, Pantomima Full, Comandante Lara, Aguilera y Mení o el ballet de Kiev con ‘El Cascanueces’, ‘El fantasma de la ópera’ o ‘El otro lado de la cama’ se darán la mano en este recinto "versátil" y "vivo" que se esfuerza en "traer calidad" a la ciudad de Sevilla.

Cotes abandera que este recinto no es solo su hogar, sino el de los artistas que despliegan en él su talento. Afirma, además, que la programación del Cartuja Center es un "rompecabezas". Un rompecabezas engranado con mucho acierto y que en la pasada temporada reunió nada menos que a 600.000 espectadores.

El Cartuja Center ha conseguido reunir en una misma temporada a artistas muy diferentes, desde Jorge Drexler o Estrella Morente hasta SFDK, Lia Kali o Rodrigo Cuevas. ¿Qué buscan hoy los sevillanos cuando compran una entrada y cómo ha cambiado ese público en los últimos años?

Hay un público muy heterogéneo que ha crecido muchísimo. Antes, teniendo en cuenta que llevo casi 20 años dedicándome a esto, había veces que conocía al público que iba a los conciertos. Si te faltaba alguien, decías: "Hoy no ha venido no sé quién".

Antes había más nichos y tú escuchabas tu música, pero no otra. Esto es porque había una barrera de acceso, que era el precio de la música. Ahora esa barrera se ha evaporado. Eso ha hecho que a todo el mundo le pueda interesar todo, siempre que sea de calidad.

Esa es un poco la misma inquietud que tenemos en Cartuja Center a la hora de programar: que la propuesta sea de calidad y que, obviamente, si tenemos un aforo de 2.000 personas o de 3.600, en la medida de lo posible se llene.

Cada vez llegan a Sevilla más artistas internacionales y grandes producciones que antes parecían reservadas a Madrid o Barcelona. ¿Está Sevilla dejando de ser una parada secundaria en las grandes giras?

Sí, de hecho ocurre así. El año pasado hemos tenido a Morrissey, que es un artista internacional de primerísimo nivel. Y quiero aquí sacar un poco pecho por el espacio: el espacio propicia que haya una propuesta como esa. Si no existiera Cartuja Center, probablemente ese artista no hubiera estado en Sevilla.

El año que viene vamos a tener una propuesta también de altísimo nivel. Va a ser un artista que probablemente solo va a hacer dos fechas en España y va a ser aquí. Y es porque le ha encantado, obviamente, Sevilla, que es maravillosa, y además tiene un espacio en el que poder hacer su concierto.

Ya digo, se trata de un artista de mucho nivel que necesita una serie de requerimientos a nivel técnico y humano que solo tiene Cartuja, porque hay muy pocos recintos en España que los tengan.

Sucede que si, por ejemplo, traemos a Morrissey o a SFDK, es más fácil que un programador extranjero se fije en nosotros. Las salas que conoce son las que ve en los carteles de otros artistas.

Es también algo así como un efecto llamada.

¿Alguna exclusiva de algún artista que vaya a pisar el escenario del Cartuja Center en esta nueva temporada?

Sara Baras. Ha estado en Sevilla en la Bienal, y estará en el Cartuja Center el 25 o el 28 de noviembre.

De hecho, Sara es una prescriptora nuestra. A ella le encanta el espacio. Siempre nos cuenta que se siente como en su casa, que es un espacio que abraza. Estamos muy contentos con eso.

Hay artistas que podrían llenar otros recintos de la ciudad y, sin embargo, eligen el Cartuja Center. ¿Qué tiene este espacio que resulta atractivo para una gran producción?

La calidad acústica es brutal. Es un espacio que se concibió para que primara eso: cómo se escucha, cómo se siente, cómo se está en el espacio.

Pero, a la vez, es muy versátil y se transforma. No es lo mismo un concierto de hip hop que un espectáculo de danza como el de Sara Baras, y el Cartuja Center tiene todas esas facilidades porque puede adaptar diferentes formatos de espectáculos.

Aquí se pasa literalmente de tener un día a Sara Baras, al día siguiente un concierto de SFDK y al siguiente un evento corporativo. Es un espacio vivo.

Aunque realmente creo que lo que diferencia al Cartuja Center es el equipo, su gente. Hay artistas y público que se han ido del recinto después de un espectáculo y me han dicho "me he sentido como en casa". Pues ahí está la diferencia. Nuestro equipo humano es excepcional.

El humor se ha convertido en uno de los grandes fenómenos de la programación cultural, con espectáculos que agotan entradas con enorme rapidez. ¿Qué explica este ‘boom’ del humor en directo?

El humor es el nuevo rock and roll. Los monólogos y la gente que interactúa con el público son los que verdaderamente agotan las entradas en minutos.

Hay fenómenos como Juan Dávila o Aguilera y Mení. Literalmente es que se sacan sus entradas a la venta y no duran ni minutos. De hecho, yo pienso: "Muchachos, ¡qué demanda tan bestia tienen!".

Nosotros hemos hecho muchos llamamientos a mucha gente y todavía a mí me para la gente para preguntarme cómo pueden conseguir entradas porque estaban pendientes a las doce, salieron y no pudieron comprarlas.

Yo probablemente diría que Aguilera y Mení pueden vender más entradas que Coldplay en Sevilla ahora mismo. Es un poco loco, pero la realidad es esa.

El año pasado superasteis los 600.000 espectadores y los 350 eventos. ¿En qué momento unas cifras así dejan de ser un objetivo y se convierten en una responsabilidad para quien dirige el espacio?

Es una locura, ya es difícil ir más allá. Por el aforo que tenemos y los días que tiene el año es prácticamente imposible superar ya esas cifras.

Ya creo que, más que a volumen, vamos a calidad. Tenemos una ocupación casi plena del espacio. Ahora nuestro reto es escoger las mejores, intentar, dentro de lo que podemos, ofrecer la mejor programación posible durante todos los días del año.

A veces salen cifras de recintos como el Movistar Arena y dicen "número uno de recintos en el mundo" y hacen 200 eventos. Nosotros hacemos 100 más. Yo estoy orgullosísimo, pero insisto: esto es posible por el equipo.

Tenemos varias salas diferentes y a veces se simultanean eventos en la sala principal, en la Sala Cité, en la terraza, o con varias sesiones a lo largo del día. Sabemos que puede haber tres sesiones en el mismo día que son 2.000, 4.000, 6.000 personas solo en la sala principal.

Multiplícalo por varios días y es que en un fin de semana o a lo largo de una semana puedes tener 6.000, 11.000, 18.000, 30.000 personas. Me parece una cifra brutal.

¿Cómo es Cartuja Center por dentro? Porque desde fuera cuesta hacerse una idea de la dimensión que tiene.

Es un disparate. Es un buque, como un transatlántico, gigantesco. Creo que es el edificio más grande que hay en la isla de la Cartuja.

Aquí quiero sacar pecho por Eulen Cultura, que para eso es nuestra empresa. Creo que en este caso ha encontrado la forma de hacer funcionar algo que ahora parece fácil, pero no lo es.

Al principio nadie te pide venir a Cartuja porque la gente no sabe que existe. Entonces tienes que partirte la espalda haciendo cosas, consiguiendo que la gente venga, que esté a gusto, probablemente perdiendo dinero para que al final sí se convierta en un sitio apetecible para el público.

Dirigir un espacio que puede tener actividad prácticamente todos los días debe obligar a tomar decisiones constantemente. ¿Cuál ha sido la decisión más difícil que ha tenido que tomar al frente del Cartuja Center?

Hay propuestas que llegan que tienen calidad y que no se pueden aceptar porque hay que dejar espacio. Es necesario dejar un poco de aire en el calendario para alguna propuesta que se presuma que puede llegar.

Es difícil tener que decir que no. Y me duele porque sé que está a la altura del espacio y podría estar, y tengo que aguantar un poco o se va a otro espacio. Entonces me da pena, pero es que es mi día a día.

Es como un rompecabezas, en realidad.