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"Yo pensaba morirme aquí". Esas fueron las palabras que escuchó Sonia, una sevillana de 51 años que ahora vive en Galicia con su pareja, cuando llamó a su inquilina para decirle con mucho tacto que pensaba poner a la venta su piso ubicado en una barriada de Utrera.

Por eso, salvando las distancias, Sonia siente que, si no llega a conseguir vender el piso hace seis meses, podría haber tenido a otra posible 'Maricarmen' como inquilina.

Confiesa que estos días le entraba ansiedad cuando ponía la radio y escuchaba las noticias en el coche.

"Cuando tu inquilino ya te deja de coger el teléfono la sensación de impotencia, de ansiedad y de rabia es indescriptible", comenta Sonia en conversación con EL ESPAÑOL.

Finalmente lo pudo vender porque su arrendataria consiguió un alquiler social del Ayuntamiento de Utrera, a diferencia de la Maricarmen auténtica, pero está segura de que si la situación no se hubiese resuelto entonces y tras lo ocurrido con la vecina del Retiro, esta mujer seguiría allí por 300 euros al mes. Ahora ese mismo piso está en alquiler por 600, el doble.

Sonia compró esta vivienda en 2006 porque quería independizarse de sus padres cuando tenía 30 años, aunque finalmente acabó alquilándolo. Ahora reconoce que aquella compra, que hizo con mucha ilusión, fue "el mayor error" de su vida.

No obstante, se da con un canto en los dientes porque lo pudo vender, pero aún se le eriza el vello cuando recuerda las palabras que le dijo su 'Maricarmen' cuando le comunicó con mucho tacto que pensaba vender el piso.

"¿Adónde me voy yo por 300 euros de alquiler?" y "¿Cómo que lo vendes? Si yo pensaba morirme aquí".

Sonia en ese momento pensó que a su inquilina le faltaba añadir un matiz: el piso no era suyo. Defiende que le pagaba religiosamente todos los meses y que podía entender su situación, pero sintió mucha impotencia cuando en un principio le dijo que no se iba.

Los cambios legislativos introducidos por el Gobierno y los dos decretos exprés, fallidos por falta de apoyo en el Congreso de los Diputados, tras el desahucio de Maricarmen Abascal de su piso de Madrid, están asustando a los pequeños propietarios e impulsándolos para que pongan sus pisos a la venta al sentirse indefensos.

Sonia es una de ellas y su pareja es otro. Por un lado, sienten que la desdicha de los alquileres les persigue, pero basta con mirar un poco a su alrededor para comprobar que no son los únicos.

En la actualidad, él tiene en alquiler un piso en Barcelona y lo quiere vender. En principio, su inquilino, funcionario de carrera, se lo tomó bien, incluso llegó a preguntarle por la posibilidad de comprarlo, pero finalmente declinó porque, según él, se le iba de precio.

"El caso es que, tras meses a la espera, ya no nos coge el teléfono y nos hemos puesto en manos de un abogado", señala Sonia con todos los gastos que esta gestión puede conllevar.

"Nos queda rezar"

Aseguran que ellos son los primeros que se ponen en la piel de los inquilinos porque ahora están viviendo de alquiler en Galicia y a tantos kilómetros de distancia es complicado gestionarlo. De ahí que lo hayan puesto en manos todo de una inmobiliaria.

"Estamos con las carnes abiertas y con la sensación de que lo único que nos queda es rezar para que se atenga a razones y entregue las llaves".

Y eso es "muy triste", reconoce Sonia, cuando con ese dinero tienen que pagar su propio alquiler y la hipoteca. "Esto no es especulación, esto es para vivir".

Por eso, retumba en su cabeza la petición que lanzó Pedro Sánchez para rogar el apoyo del Congreso, socios y oposición, a los dos decretos-leyes de vivienda por "pura humanidad".

Sobre todo porque considera que no "está legitimado para hablar de humanidad" al no haber hecho nada en esta materia durante estos últimos ocho años de gobierno.